Joel Bonilla Blondet

Punto de vista

Por Joel Bonilla Blondet
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La disfunción política isleña

Parece ser que, en Puerto Rico, quienes únicos están satisfechos con la forma en la que se hace política son los políticos. En la calle, el sentido de malestar, inconformidad y frustración es palpable. La efervescencia de este malestar fue una de las razones que llevaron a las manifestaciones que desembocaron en la renuncia de Ricardo Rosselló Nevares como gobernador. 

Antes de cantar victoria por el triunfo de la democracia puertorriqueña, nos haría bien recordar que la renuncia de Ricardo Rosselló Nevares como gobernador no fue muestra de un sistema político que respondió a los reclamos del pueblo sino de uno que sucumbió ante presiones externas.

Para entender la génesis de esta disfunción política, debemos primero examinar el sistema político-electoral isleño. Al comparar a Puerto Rico con jurisdicciones que mantienen sistemas electorales y políticos similares, nos damos cuenta de los méritos empíricos de esta tesis: La disfunción política de la isla no es la excepción, sino la regla en sistemas electorales predominantemente mayoritarios y con distritos electorales compuestos por un sólo representante.

Es importante recalcar dos mecanismos electorales que hacen esta disfunción posible: uno, la bonificación por concepto de mayoría (“majority premium”, en inglés) y, dos, la resultante reducción de opciones políticas viables a dos partidos dominantes: En sistemas mayoritarios, un candidato con 51% (o la pluralidad) de los votos, obtiene, en efecto, el 100% de la representación política del distrito. El 49% de los votantes que no vieron a su candidato ganar, por el contrario, quedan sin representación. Esta cualidad de los sistemas mayoritarios—donde quien gana, lo gana todo; y, quien pierde, lo pierde todo—engendran, con el tiempo, una dinámica de suma cero. Bajo estas condiciones, el poder político no se distribuye, sino que se captura; la conciliación dando paso a una guerra sin cuartel. Esta fue la debacle del gobierno compartido.

Esta tendencia mayoritaria está, a su vez, ligada a la consolidación del poder político en dos partidos dominantes: En un sistema electoral donde cada distrito electoral sólo puede producir un sólo ganador, la tendencia es a que diversas facciones políticas unan fuerzas y aglomeren votos hasta que sólo queden dos contrincantes viables. El fracaso de los partidos emergentes en obtener poder político durante las dos pasadas elecciones es prueba de esta tesis (llamada Ley de Duverger): Cuando un voto por el MUS es un voto menos por el PPD, el PNP tiene mayores posibilidades de ganar. Y un votante astuto (que prefiera no ver al PNP en el poder), optaría por no votar por una opción que él o ella calcula no saldrá victoriosa, pero que amenaza arrojar un resultado inaceptable. Visto desde este punto de vista, los intentos de los partidos emergentes por dislocar el monopolio político del PPD y del PNP estaban destinados al fracaso: En un sistema político donde los distritos electorales eligenun sólo candidato por mayoría electoral, no hay de otra.

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