Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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La diversidad cuasi esquizofrénica de Puerto Rico

¡Vamos pa’ los libros de historia! El pasado domingo fue muy pintoresco. No solo el caliente verano engalanaba la Isla con sus flores y frutos si no que los colores partidistas del rojo, azul, verde, violeta, blanco y ahora negro floreteaban por nuestro terruño.

Otro simulacro plebiscitario se efectuaba dominado por los azules mientras los partidos minoritarios boicoteaban el proceso. Los PNP’s alegan ser ganadores; seguros de una estadidad que debe llegar mañana. Dicen que esta votación dará terminación absoluta a la colonia; por tanto, ¡prepárese! esta semana el País comenzará una nueva vida hablando perfecto inglés. Seremos todos rubios y recogeremos nieve derretida en nuestros acalorados campos y ciudades. ¿Será por eso que la semana pasada el gobierno informaba que en Puerto Rico había desaparecido el chikungunya, el zyka, el flú y hasta el dengue?

Alternadamente, en la ciudad de Nueva York se celebraba una parada multitudinaria llena de banderas puertorriqueñas en manos de boricuas y neoricans: el Desfile del Día Nacional de Puerto Rico. Este año contaban con la honrosa participación del ex preso político Oscar López Rivera a quien se le dio el título honorífico de "Prócer de la Libertad Nacional", honor que declinó limitándose a participar en carácter individual, sin títulos, ni glorias oficiales. A Oscar le abuchearon los que celebran la libertad de George Washington (los mismos que juran que solo los norteamericanos tienen libertadores que honrar) y le aplaudieron los que celebran la resistencia e identidad patria. Una de cal y otra de arena. Todo “dess-pa-cito” en medio de vítores de “Yo soy boricua, pa’ que tú lo sepas!”

En la Isla, el partido que aspira a ser un estado integrado a otra cultura y nación celebraba una participación estimada de menos de medio millón de boricuas que quieren ser norteamericanos. La apreciación opositora lo describe como evento ridículo y “plebiescaso”. En Nueva York, la diáspora boricua celebraba la reafirmación de la nacionalidad, costumbres, cultura, idioma, artes y música de esta colonia, la más vieja del continente.

Habrá a quienes este cuadro social, tan folclórico, contradictorio y memorable, les parezca raro. El domingo se dividía la patria otra vez. Una parte celebraba la ilusa anexión y otra la diferenciación, si no la también elusiva separación, del país que nos invade y a la vez recoge millones de boricuas que se asfixian en la Isla. Esta mezcla de colores de mi Tierra, esta diversidad cuasi esquizofrénica, es el sello que marca nuestra cotidianeidad colonizada. Eso sí, y que no se confunda nadie, las playas estaban llenas de familias que cargaban el típico caldero de comida, las neveritas y las hamacas para el descanso. ¿Imagina usted las familias de los futuros congresistas boricuas PNP’s llevando calderos de comida, bailando salsa por los fríos pasillos del Congreso del tirijala y gritando Weeeppaaa?  ¿O será burda bajeza cultural para los que se sienten más norteamericanos que Washington?

En fin. El lunes volvemos al acto cotidiano de nuestra novela. La realidad que nos une no es festiva: se vende el país; se privatizan hospitales, carreteras y escuelas; se multiplican los cráteres en las carreteras, se duplica el costo de vida, florecen los vertederos clandestinos, se inutilizan las reservas naturales y se perpetúan los sistemas de enajenación de la población con más novelas, chismes y bombas de humo. El país se nos muda, se nos quiebra y la gente sigue creyendo en simulacros.

Hoy nos levantamos embarrados, como siempre, en la paleta de colores que nos caracteriza a saludar al vecino azul que olvidará que nos tilda de espías de la Internacional Socialista roja, para seguir criticando al peleón verde de la esquina y al violeta que nadie entiende en la familia. Porque llega la temporada de huracanes, que viene fuerte, y hay que comenzar a planificar los BBQ’s transpartidistas al son del himno no oficial de Puerto Rico...“los colores de mi tierra”. Canta conmigo: Ay, boricua, como nosotros, ¡pocos o ninguno!

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