Hilda Sciera

Punto de vista

Por Hilda Sciera
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La doble vara contra la mujer en Puerto Rico

En Puerto Rico alarma es el doble estándar con el que se mide a las mujeres involucradas en conflictos de pareja, de forma muy distinta los hombres. 

El lunes, 25 de noviembre, se observa el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer para crear conciencia sobre la violencia persistente hacia la mujer en la sociedad actual y la que sufren las víctimas. Y en Puerto Rico tenemos mucho que reflexionar. 

La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, aprobada hace más de 20 años en las Naciones Unidas, define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”. 

Llevamos décadas hablando del problema de violencia doméstica y cómo la mujer es víctima en manos de su pareja de violencia física, psicológica y emocional. Grupos que promueven la protección de los derechos de las mujeres han llamado la atención en el alza a el número de mujeres asesinadas por sus parejas y exparejas en los últimos años. El llamado es minimizado por los que entienden que la cifra es significativamente menor a los hombres asesinados cada año.  ¿Cuál es la razón?

Porque hemos normalizado la violencia hacia la mujer. Porque la encajonamos en un ideal estereotipado de lo que debe ser una mujer. Obediente, sumisa, recatada, cuidadora, dependiente, madre, fiel. 

Porque si una mujer es acusada de adulterio somos los más puritanos e inmediatamente es condenada y humillada a llevar en su pecho una letra “A” por serle infiel a su pareja, pero cuando un hombre lo hace rápido se descarta y simplifica como conducta a esperarse de hombre o a justificarlo con “se le metió por los ojos” o “si busca en la calle es que falta en casa”.  No es solo la doble vara, se entiende merece castigo. 

Es hora de que reflexionemos y veamos como en Puerto Rico al percibir como normal acciones y actitudes contra la mujer, hemos aceptado la violencia hacia la mujer, al punto que decimos que nuestras construcciones de género y conductas violentas hacia la mujer son parte inmutable de nuestra cultura. Mujeres y hombres somos iguales en derechos. Merecemos que se nos mida igual por nuestras virtudes o nuestros errores. Que nuestra vida sea nuestra y nadie dicta como la decidimos vivir o cuando debe llegar a su fin. 


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