Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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La doble vara en la lealtad de la NBA

El pasado mes de julio, en el apogeo de la agencia libre de la NBA, Blake Griffin escuchaba ofertas. Pero ninguna lo maravilló más que la presentada por el equipo de toda su vida, los Clippers de Los Ángeles.

El día en que se reunió con los Clippers, la gerencia lo llevó al Staples Center. Una vez dentro del coliseo, Griffin fue testigo de una ceremonia en la que su número era elevado al techo del coliseo. Era un vistazo del futuro que los Clippers deseaban con su estelar delantero: una relación de toda la vida, y que se convirtiera en el primer jugador cuyo número era retirado por la franquicia. Griffin mordió el anzuelo, y firmó un contrato de cinco años y $171 millones.

Seis meses después, los Clippers enviaban a Griffin a los Pistons de Detroit en un megacambio. Griffin —quien no negoció una cláusula de no cambio en su contrato— tuvo que hacer maletas y enfilar a un equipo que, al llegar, estaba fuera de las primeras ocho posiciones en la débil Conferencia del Este.

Al firmar con los Clippers, Griffin fue leal. Pero el equipo no cumplió con su parte. De Griffin haber escogido en la agencia libre otro equipo, los fanáticos de los Clippers le hubieran caído encima al pelirrojo, tal como hicieron los seguidores del Thunder de Oklahoma City cuando Kevin Durant hizo las maletas rumbo a Golden State.

Es parte de la doble vara que existe en la NBA. Los jugadores son fustigados en la palestra pública por abandonar sus equipos vía la agencia libre, pero los dueños pueden cambiarlos a gusto y gana, y no pasa nada.

Los jugadores ya están notando esta dinámica. LeBron James, por ejemplo, ha vivido en carne propia las críticas de fanáticos tras dejar a los Cavaliers para firmar con el Heat en el 2010.

“Cuando un jugador es cambiado, se está haciendo lo mejor por la franquicia. Pero cuando un jugador decide irse, ‘no es leal, no está comprometido, es una serpiente’. Así es la narrativa”, dijo James recientemente, al reaccionar al cambio de Griffin.

En una NBA que sigue en constante evolución, algo queda más claro que nunca: ese tipo de jugador que pasa toda su carrera con un solo equipo está en peligro de extinción, y no necesariamente será la culpa de los canasteros.

Con esta dinámica, serán más los fanáticos que se cantarán seguidores de los jugadores y no de un solo equipo. Le puede preguntar a todos esos que son ahora aficionados de los Cavs, pero que mantienen su camisa del Heat en el closet...

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