Gustavo Vélez

Punto de Vista

Por Gustavo Vélez
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La economía ante la nueva temporada de huracanes

Gustavo Vélez

Han pasado 20 meses del impactó de María, y claramente la economía aún no se ha recuperado totalmente del impacto devastador del evento natural. La tragedia atmosférica nos sorprendió en un momento de vulnerabilidad económica y fiscal, pues batallábamos con una larga depresión y la quiebra financiera del gobierno.

Son muchos desafíos para una isla que por décadas, gozó de la bonanza y una vida relativamente buena. Otros huracanes nos han golpeado, pero ninguno como María, y mucho menos con el país de rodillas por los demás retos.

De cara a la nueva temporada de huracanes, que comenzó el 1 de junio y se extiende hasta el 30 de noviembre, la atención está enfocada en las posibilidades de que nuevamente nos impacte otro huracán.

El objetivo de este análisis es evaluar el estado actual de la economía, de la recuperación y los efectos que podría tener otro evento natural sobre Puerto Rico.

No aspiramos a ser pesimistas, y mucho menos crear pánico, sino proveer unos escenarios para que el sector comercial y la comunidad general puedan tener un marco de referencia y estar preparado para otro evento.

Como punto de partida, creo que es importante cuantificar cual fue el impacto económico del huracán. Los estimados ubican el costo global de María sobre la economía en $80 mil millones. Esto representa pérdidas en los negocios, en la infraestructura, casas, interrupción de negocios, y todos los costos materiales asociados a la destrucción creada por la tormenta.

A pesar del alto costo que representó el huracán, hasta el momento, las ayudas por parte del gobierno federal para reconstruir a Puerto Rico apenas ascienden a $45,000 millones. Las peticiones que han hecho el gobierno local y la propia Junta de Supervisión Fiscal al Congreso para incrementar las ayudas no han tenido éxito.

A lo anterior hay que agregarle que luego de María, otros eventos naturales han impactado a otros estados de la nación, como Texas, Florida, y Carolina del Sur, lo que ha obligado a la Casa Blanca y el propio Congreso a maximizar los recursos limitados de FEMA y de otras agencias.

Otro factor adverso a la causa local es el tenso ambiente político en la capital federal, donde el tema de los esfuerzos de la recuperación de Puerto Rico ha quedado atrapado en el fuego cruzado entre demócratas y republicanos. La ayuda no está fluyendo como se esperaba, lo que ha tenido el efecto de debilitar el moderado proceso que se evidenció en el 2018.

LA ECONOMÍA SIGUE FRÁGIL

La inyección de las primeras ayudas monetarias por parte de FEMA y otras agencias luego de María le dieron un dinamismo a la economía que se manifestó esencialmente durante todo el 2018 y hasta el primer trimestre del 2019. Según se fueron terminando los primeros estímulos post-María, la recuperación ha perdido fuerza. Indicadores claves como el empleo, que mide el verdadero estado productivo de la economía, reflejan que la economía no ha vuelto a los niveles previo al impacto del huracán.

Por ejemplo, antes del huracán, el empleo promedio estaba cercano a 887,000 empleos, mientras que durante los primeros tres meses del 2019, el empleo promedio fue de 873,000.

El sector detallista y la venta de autos, sectores económicos que retratan la confianza de los consumidores, mantuvieron números relativamente estables hasta el mes de marzo. El sector hotelero y la agricultura, continúan su recuperación lenta, pero falta terreno por recorrer.

LA RECUPERACIÓN ES GRADUAL

La realidad es que la economía sigue frágil. Amplios sectores aún no se recuperan del efecto devastador. Más allá del tema comercial, hay una gran cantidad de municipios, particularmente en la zona central de la Isla que siguen lidiando con la adversidad. Recientemente, El Nuevo Día publicó un artículo en el que se documentaba que aún hay 30,000 familias viviendo con hogares cobijado con toldos azules provistos por FEMA.

Sondeos informales realizados por nuestra firma, Inteligencia Económica, indican que sobre 5,000 comercios aún no han podido reabrir operaciones. La lentitud con la que las aseguradoras pagan los reclamos, y el atraso en los fondos federales ha complicado el regreso a la normalidad de muchas familias y negocios.

Con respecto a la infraestructura, el cuadro no es muy diferente, el sistema energético sigue débil y la infraestructura vial sigue muy afectada.

Ante el cuadro de debilidad que aún enfrenta la isla, un nuevo huracán sería devastador.

Pudiera provocar una emigración mucho mayor de la que enfrentamos en el 2017 luego de María. Cuando sobre 380,000 personas emigraron a los Estados Unidos. La posibilidad de volver enfrentar las dificultades de otro huracán y sabiendo de que la Isla no estaría preparada, muchas más personas pudieran optar por irse de forma permanente.

La fuga masiva de personas pueden afectar drásticamente las verdaderas posibilidades de recuperación y la viabilidad económica a largo plazo de la Isla. Las aseguradoras aún no se recuperan del golpe anterior, y habría que ver la capacidad de FEMA y de otras agencias para reforzar su presencia en la isla.

En fin, el escenario de un nuevo huracán intensificaría los retos vigentes que enfrentamos en todos los frentes, y alargaría aún más, la recuperación.

En síntesis, no podemos bajar la guardia y urge estar preparados para todas las posibilidades.

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