Jorge L. Pagán Pedrogo

Punto de vista

Por Jorge L. Pagán Pedrogo
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La educación en tiempos de crisis

“Luchemos por una educación que nos enseñe a pensar, no a obedecer”

El extraordinario educador y filósofo brasileño Paulo Freire concibió siempre el proceso educativo como la ruta inequívoca para que un país alcance su pleno desarrollo en aras de un mejor porvenir. Su Pedagogía del Oprimido, obra indispensable para todo buen educador que atesora el privilegio de influenciar en la formación responsable de los futuros ciudadanos, adquiere hoy mayor relevancia ante la resquebrajada situación que vive nuestra isla como consecuencia de la crisis de valores éticos, morales y de carácter de los que dirigen las instituciones gubernamentales. 

Además, nuestra relación colonial con los Estados Unidos obstaculiza un proyecto educativo de país a tono con la idiosincrasia hispana y caribeña que nos caracteriza. Debemos comenzar a trazar nuestra propia ruta propiciando iniciativas que se aparten de la automatización del conocimiento y se acerquen más a la concepción de una nación comprometida cabalmente con satisfacer las exigencias de sus comunidades escolares.

Si en algo coincidimos la mayoría de los educadores es en que tenemos el deber de no anteponer la obediencia al pensamiento crítico dentro de nuestra filosofía educativa. Fomentar adecuadamente el pensamiento crítico en los educandos es mostrarles una infinidad de alternativas, creadas por ellos, para solucionar muchos de los problemas que lamentablemente enfrentamos. 

Nuestra labor se debe regir principalmente tomando en consideración el aspecto social que incide en el estudiante; identificar y atender acertadamente sus necesidades y así nuestras próximas generaciones contribuirán efectivamente a propugnar, dirigir y construir la nación puertorriqueña que todos anhelamos con “las armas del conocimiento”, como sabiamente propuso don Pedro Albizu Campos.

He sido siempre fiel creyente de que la educación pública se defiende con ahínco, pasión y entrega. El paradigma curricular que existe en nuestro sistema educativo necesita replantearse para que satisfaga las necesidades de todos los alumnos. Puerto Rico demanda que sus educadores se inserten de lleno en el quehacer intelectual, social y humanista que estos tiempos exigen. Tomemos como brújula las siguientes palabras de Freire: “La educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar al mundo”.

La coyuntura histórica en la cual nos ha tocado educar requiere un compromiso ético mayor con nuestra conciencia, pero más aún con Puerto Rico y sus jóvenes. Ellos son nuestra máxima línea de defensa. Que nada ni nadie desvíe nuestro norte. ¡Jamás!

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