Iván Garau Díaz

Tribuna Invitada

Por Iván Garau Díaz
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La emigración digna de los puertorriqueños

Puerto Rico ha sufrido este año la mayor emigración en su historia. La misma ha excedido sustancialmente las anteriores, tras el paso del devastador huracán María y el estado de emergencia que vivimos.

La emigración de los puertorriqueños a Estados Unidos no es un privilegio, es un derecho de viajar libremente por los estados de los Estados Unidos que le garantiza la ciudadanía americana.

La actual emigración de puertorriqueños, trabajadores diestros y no diestros, médicos, abogados, ingenieros, arquitectos y artistas a distintos estados de los Estados Unidos, ha sido por motivo de que estaban desempleados y sufriendo una crisis humanitaria en la isla.

La emigración es un problema grave social para nuestra isla. Los boricuas que emigran y abandonan su entorno natural en busca de mejores medios de vida en los Estados Unidos, sufren de un proceso de adaptación en el ambiente de la sociedad americana y de necesidad económica.

Es por eso, que el gobierno de Puerto Rico, Texas, Nueva York, Ilinois, Colorado y otros estados de la unión, deben usar todos sus poderes para que lleven a cabo las emigraciones dignamente y mediante una transición ordenada de beneficios económicos adecuados y rápidos para nuestra gente.

Los boricuas emigrantes llegan a los Estados Unidos agobiados por penurias económicas que requieren de ayudas federales, estatales y municipales para que se integren lo antes posible a la fuerza laboral y ejercicio de profesiones.

De ahí que, ya comenzaron a establecerse en Florida y Nueva York centros de apoyo en los aeropuertos para organizar los emigrantes puertorriqueños con la más cuidadosa ayuda psicológica, técnica, hospitalidad y evaluación de sus necesidades particulares con miras a que obtengan mejores medios de vida.

Las organización de la emigración boricua es un deber social y de humanidad porque abandonar por estado de necesidad una familia y un pueblo, en que se han formado cientos de miles de seres humanos es traumático y requiere misericordia que nuestro gobierno debe afrontar con un plan específico.

Para algunos politiqueros la emigración parece ser un medio eficaz de combatir la pobreza y más de una tercera parte de desempleo en Puerto Rico como se hizo en la década del cincuenta y sesenta. Sin embargo, la emigración requiere de un buen juicio sobre la realidad de humanidad y respeto.

No se debe permitir la propaganda irresponsable o irónica de que los cuatrocientos mil boricuas que se han ido al norte "ninguno guiaba y el tapón sigue igual" o decirle al emigrante "gracias, uno menos en el tapón.

Tampoco se debe permitir comentarios discriminatorios en cuanto a raza, color o condición social. Es cruel afirmar que "la raza blanca de emigrantes tiene preferencia en los Estados Unidos "y que allá existe "un ánimo hostil a la solución de los problemas de los puertorriqueños”.

Las leyes federales y estatales prohíben el discrimen en el empleo. Insistimos que, la experiencia pasada demuestra que cinco millones de boricuas que residen en el norte han tenido igualdad de oportunidades de empleo y han alcanzado los lugares y cargos más altos en todas las disciplinas tales como jurídica, científica, militar, así como en las artes y los deportes.

Todos tenemos hijos, sobrinos, primos y amigos emigrantes que lograron trabajo digno con mayor salario y mejor calidad de vida en el continente estadounidense .

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