Cristina Maldonado Caro

Tribuna Invitada

Por Cristina Maldonado Caro
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La emigración mariana

Tras la devastación dejada por el huracán María, Puerto Rico ha enfrentado un éxodo nunca conocido en su historia. Los historiadores y científicos sociales han analizado el fenómeno de la emigración puertorriqueña en diferentes lugares de Estados Unidos, tales como Hawái, Nueva York, Florida y Texas. Sin embargo el denominador común de los pasados emigrados ha sido la situación económica de la isla.

A los hombres y mujeres que han dejado la isla tras el paso de María les llamo “los marianos”. En solo 20 días luego del paso del fenómeno se reportaron estadísticas de más de 10,000 personas saliendo del país. Sin embargo, las estadísticas sobrepasan los 250,000 emigrados, cifra que continúa en alza después de casi cuatro meses del paso del ciclón.

Hoy no podemos reconocer el perfil de estos emigrados. Los marianos son familias enteras, parejas, jóvenes, adultos y ancianos, de todas las clases sociales y escolaridad. Estos emigrantes se han ido para tener mejor calidad de vida durante la emergencia y la falta de los servicios esenciales como la electricidad y el agua.

Entre las razones para emigrar están el cuidado de salud, los trabajos y distracción. Los marianos, por su parte, son puertorriqueños de la fuerza laboral activa de la isla. Tras el paso de María, su ambiente laboral tambaleó, se reestructuró o dejo de existir. Sin embargo, está emigración ha dejado claro que regresará en cuanto la emergencia se acabe y el país se estabilice. La pregunta es: ¿cuándo se acabará la emergencia? ¿Los marianos regresarán una vez la crisis acabe? O, realmente la emergencia era el empujón que estos estaban esperando para salir de Puerto Rico.

En los pasados días, varios funcionarios del gobierno de Puerto Rico denunciaron la falta de viviendas para los puertorriqueños en el estado de Florida. No es tan solo la falta de vivienda. Pero muchos marianos han enfrentado dificultades, no solo en la búsqueda de un hogar, sino laboral y psicológica por irse a un nuevo territorio sin tener un plan establecido.

Los marianos empujados a suelo estadounidense son parte de la fuerza necesaria para levantar el país. Su gran mayoría aportaba con impuestos a las arcas de nuestro país. Ahora son menos manos las que quedan en Puerto Rico para la gran reconstrucción que nos espera. El que se queda tiene la responsabilidad de levantar el ánimo de la gente, ser apoyo y la mano amiga de la familia, del ser querido, del vecino y del compatriota.

Todos conocemos a uno o más de un mariano. El que se fue, se va o se irá, tiene la esperanza de regresar, no importa a qué generación de emigrantes pertenezca. Pero los marianos lo ven a corto plazo. Espero que así sea. Que esos emigrados se unan a la gran reconstrucción que el país tanto lo necesita.

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