Jorge Colberg Toro

Tribuna Invitada

Por Jorge Colberg Toro
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La encrucijada azul con su nota discordante

Esta semana el panorama económico y político de Puerto Rico puede cambiar tan dramáticamente, que sus efectos podrían ser más letales y prolongados que la misma recuperación del huracán María.

La aprobación final de la reforma contributiva en el Congreso se acerca a pasos agigantados y de aprobarse, sus efectos se sentirán en todos los renglones.

Comenzará con un éxodo de fábricas que provocarán la inestabilidad laboral de 75,000 empleos directos y otros 150,000 indirectos; el gobierno sufriría una reducción gradual de $1,900 millones anuales en contribuciones, los municipios dejarían de recibir otros $100 millones en patentes, se reducirán los ingresos por el IVU -que ya registran pérdidas de $80 millones mensuales- y los bancos recibirán una avalancha de propiedades y vehículos que sencillamente no podrían ser pagados desde las filas del desempleo.

Anticipando la debacle, el gobernador Ricardo Rosselló, acertadamente, convocó a diversos sectores del país para unir esfuerzos y lograr enmiendas. La convocatoria fue sensata y oportuna.

La creación del Frente por Puerto Rico fue meritoria y en solo dos meses, se conseguía el primer logro al anunciarse la asignación de $1,200 millones en salud. El país remaba en la misma dirección.

Superado el primer escollo, nos vino encima María con toda su furia; y aún ante la adversidad y el dolor causado, se volvía a respirar aires de unidad al ver un país solidario en su recuperación. Volvimos a remar juntos.

Y entonces, llegó la reforma contributiva federal. Rosselló se activó y presentó un lenguaje de consenso que buscaba excluirnos; pero lamentablemente, el consenso se rompía por caprichos ideológicos. Llegaba la nota discordante.

La comisionada residente, Jenniffer González, unilateralmente, decidió presentar sus ideas a espaldas del Frente y todavía es la hora que no ha suscrito la propuesta del gobernador. En ese esfuerzo siniestro, solo contó con el apoyo de un dirigente industrial que -al igual que ella- le dio la espalda a su membresía. 

Ahora, ante la ausencia de logros y el fracaso de su estrategia, usa de excusa al ELA para desviar  la atención. Pero su coartada -lejos de salvarla- la delata. Durante los últimos 50 años, diversos comisionados residentes consiguieron trato especial e igualitario con medidas de justicia y paridad en programas federales bajo el ELA.

Como comisionado residente, Jaime Fuster, consiguió la extensión de la Sección 936 y el programa de las plantas gemelas; Carlos Romero Barceló lograba el salario mínimo como gobernador y lo fortaleció como comisionado; Aníbal Acevedo Vilá consiguió paridad en fondos de educación; Luis Fortuño logró la inclusión de Puerto Rico en los fondos ARRA; y Pedro Pierluisi aseguró la inclusión de la isla en el Obamacare con cubierta de enfermedades pre-existentes y eximia a los negocios de las cubiertas mandatorias que aplicaban a los estados. Todos lograron sus metas, menos una, la nota discordante.

La actual comisionada dice que no puede, que sin voto no tiene la fuerza ni el poder de lograr nada. Pero recordamos que bajo los Congresos demócratas, Romero y Pierluisi consiguieron con relativa facilidad que sus votos se pudieran emitir en las comisiones. Pero hoy, siendo la comisionada parte de la mayoría republicana, ni eso ha podido obtener. De nuevo, la nota discordante.

A solo días de la decisión final sobre la reforma contributiva, es hora de dejar las excusas y asumir responsabilidades. Solo hay dos caminos posibles. Uno, el más sensato, salvar los empleos con la autonomía fiscal, o por el contrario, complacer el fanatismo ideológico y, con ello, sepultar al país.

Esa es la encrucijada azul. El país estará atento.

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