Pedro Reina

Punto Fijo

Por Pedro Reina
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La encrucijada de “Hamilton”

La noticia del traslado del musical Hamilton, del Teatro de la Universidad de Puerto Rico al Centro de Bellas Artes de Santurce, deja una amarga estela de sinsabores que conviene desgranar, en medio del desconsuelo.

El proyecto fue gestado con una premisa altruista: la obra vendría finalmente a Puerto Rico, y su presentación en el recinto de Río Piedras generaría ganancias para la Universidad—que vería el Teatro reconstruido— y para un fondo de apoyo a las artes que residiría en la Fundación Flamboyán. Una idea noble, llevada con supremo valor, entrega y sacrificio por las autoridades de la Facultad de Humanidades y la rectoría, entre otros.

Durante un año se empeñaron los mejores esfuerzos y se remozó el recinto de cara a este evento. Me consta personalmente porque vi el enorme esfuerzo que requirió llevar la producción a su antesala. Todo esto en una Universidad disminuida y empobrecida, pero dispuesta a darlo todo por una causa meritoria, haciendo concesiones pero pendiente de los beneficios, porque era una buena iniciativa.

Empero, una cosa es innegable, la producción teatral llegaría a una universidad abatida por todos los flancos. Enfrentando probatorias, subempleo, aumentos de matrícula y merma del estudiantado. Sus empleados activos y jubilados amenazados por la destrucción de sus pensiones, sin que la Junta de Control Fiscal exhibiera la más mínima actitud de diálogo. Esa realidad era tan clara como la luz del día, y la familia Miranda—curtida como es en las lides políticas—lo sabía. 

Pretender ahora que la amenaza de protestas fuera la razón para la mudanza es, dicho simplemente, una movida deshonesta. Protestar es parte fundamental de la democracia, una de las muchas maneras de manifestar el desagrado. Asumir la protesta y seguir con la producción hubiera sido un signo de madurez y de compromiso. Retirarse de este compromiso ante el asomo de discordias públicas fue un chantaje barato, que delató mucho oportunismo ¿O es que acaso no habrá protestas en Santurce? Muchas y rabiosas, me temo que sí.

Lloverán las críticas a la Hermandad de Empleados Exentos de la UPR por haberse implicado de manera frontal en el asunto, y el sector más reaccionario del país revertirá a pegarle a los universitarios el mote de revoltosos. Y los productores explicarán que temían por la seguridad del evento. Nada que hacer al respecto, pero todas estas acciones serán equivocadas porque en una isla que se desgarra, la Universidad apostó a que la obra era arriesgada pero viable, y confió en que sus acciones serían capaces de sostenerla por encima de conflictos y prejuicios. Y se equivocó, porque fue un proyecto honesto pero con un desenlace infeliz. El legado será un teatro modernizado pero vacío, porque nadie se arriesgará a producir en él. Nada de esto pesó en una decisión espuria, cuyos efectos serán duraderos. Un lastre más que asimilar, un golpe contundente de consecuencias inmediatas y tristes.

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