Javier Rúa Jovet

Punto de Vista

Por Javier Rúa Jovet
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La energía local y renovable es una necesidad

Los terremotos de principio de año nos transportaron a una escena post María: interrupciones eléctricas prolongadas, seguidas de servicio en extremo inestable y poco confiable.

En 2017, María arrasó nuestra infraestructura de transmisión y distribución; los postes, las líneas y los cables. Pero los sismos, particularmente el evento de intensidad 6.4 Richter del 7 de enero, liquidaron toda la generación eléctrica, incluyendo importantes daños a Costa Sur, la planta que suministra cerca del 25% de la energía de la isla. 

Una secuela positiva del huracán fue la obvia necesidad de reconstruir de forma diferente. Muchos instalaron paneles solares y baterías en sus hogares para protegerse de eventos futuros. 

En esta ocasión, miles pudieron vencer los apagones gracias a estos sistemas. Mi familia fue una. Un creciente número de boricuas ha instalado modestos sistemas solares con baterías que energizan sus hogares durante interrupciones cortas o extendidas, valiéndose de las diversas opciones de financiamiento disponibles, como los arrendamientos solares, los cuales además aseguran y garantizan los sistemas contra estas calamidades.

El sistema en nuestro hogar ya nos ha proporcionado sobre 56 horas de respaldo, desde mayo de 2018. Esto significa 56 horas de ahorros en gas propano y mantenimiento evitado a nuestra planta de emergencia. 56 horas sin darnos ni cuenta de los apagones. 56 horas de tranquilidad y de seguridad energética.

La energía solar local con baterías es asequible, confiable, limpia, silenciosa, no requiere combustibles y está disponible, ahora. Ha cambiado las reglas del juego. La ciudadanía ya genera su propia energía solar para su iluminación, refrigeración, internet y múltiples otros electrodomésticos. 

Y hoy la tecnología incluso permite que la gente comparta su energía, beneficiando a la red pública; a todos. Desde Australia hasta Alemania, los sistemas solares de techo combinados con baterías están desplazando plantas de fuentes sucias. En los Estados Unidos continentales, las redes de intercambio de energía, también conocidas como plantas virtuales de energía, comienzan a implementarse desde el Nueva Inglaterra hasta Oakland, California. Puerto Rico también puede y debe hacerlo.

La electricidad local y renovable es una necesidad, no un lujo. Y es un mandato legal: nuestra legislatura debe defender la Ley 17/2019; histórica legislación bipartidista pro-renovables que prohíbe todos los impuestos solares, que permite que la gente comparta su energía limpia; que nos aleja del fallido sistema centralizado, encaminándonos a un futuro de autonomía energética. El Negociado de Energía y la Autoridad de Energía Eléctrica deben asegurar su implementación pronta y cabal.

El gobierno federal también tiene que hacer su parte. Fondos críticos asignados por el Congreso para alentar la energía solar y las baterías tras los huracanes de 2017 aún no fluyen. Este dinero hubiese aliviado el sufrimiento de miles de puertorriqueños durante los sismos recientes. Y ya estamos a menos de tres meses de la nueva temporada de huracanes.

Aunque diferentes, estos desastres prueban el mismo punto: la generación eléctrica centralizada y distante no puede atender las necesidades de nuestro cambiante e impredecible planeta. 

Cada vez que la naturaleza habla, la solución energética se torna más obvia: un sistema energético limpio y local, por la gente, para la gente. Lo estamos construyendo ahora, techo por techo, hogar por hogar. No nos desviemos.

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