José Pérez Cordero

Tribuna Invitada

Por José Pérez Cordero
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La erosión costera, un asunto apremiante para Puerto Rico

El problema de la erosión costera en Puerto Rico ha sido uno que ha estado latente en la discusión pública por décadas. A pesar de los esfuerzos de la academia, las autoridades y grupos ambientalistas por atenderlo, no hemos logrado grandes avances. Esto se debe a que en numerosas ocasiones dichas intenciones son detenidas u obstaculizadas por distintos intereses.

Nuestra condición de isla nos obliga a actuar con responsabilidad en la búsqueda de alternativas para atender este problema y conseguir soluciones a corto y a largo plazo. El azote del huracán María ha dejado evidenciado de forma incontrovertible lo apremiante que es atender esta situación. Solo basta un vistazo a las costas y villas pesqueras del oeste de Puerto Rico, y a las playas Córcega de Rincón, sector La Playa en Añasco, Crash Boat en Aguadilla, Joyuda en Cabo Rojo, por mencionar algunas.

El aumento en el nivel del mar, el cambio climático, eventos atmosféricos, la construcción desmedida y el incumplimiento de las leyes y reglamentos ambientales, a mi juicio, son los principales factores que han provocado la erosión de las costas, lo que coloca en una situación de vulnerabilidad a los ciudadanos que habitan en estas zonas. Así también, se ha afectado la industria gastronómica, turística y las actividades deportivas que dependen del entorno costero.

Estoy consciente del gran reto que significa trabajar con este tema. Puerto Rico cuenta con 799 millas lineales de costa y aproximadamente el 62% de la población vive en los municipios costeros. Dentro de la franja de un kilómetro paralelo a la línea de costa existen puertos, aeropuertos, plantas termoeléctricas, lotes industriales, carreteras primarias e infraestructura sanitaria. Es un asunto que no podemos dejar de atender, sobre todo en estos momentos difíciles que estamos atravesando a raíz de la crisis económica y el reciente paso de los huracanes Irma y María.

Atendiendo seriamente este problema, obtendremos resultados positivos que, además de proteger las costas y nuestro valioso entorno isleño, van a redundar en beneficios para el desarrollo económico. Como legislador de municipios costeros, amante y defensor de la naturaleza, tengo un compromiso genuino con el ambiente. A esos efectos, presenté la Resolución de Cámara 558, mediante la cual pretendo se atienda el problema de erosión costera.

Es un hecho que la naturaleza reclama su espacio y el cambio climático se está manifestando en nuestras costas. La urgencia con la que amerita se atienda este tema, nos obliga a explorar alternativas viables, revisar nuestras leyes y reglamentos o, simplemente, hacerlos cumplir. Lo que no puede estar presente es la toma de decisiones con soluciones temporales y los intereses particulares. Esto es un asunto de todos.

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