Mariela Kury

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Por Mariela Kury
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La esperanza en la pandemia

Hace cuatro años comencé a trabajar como voluntaria, junto a la Sociedad Americana Contra el Cáncer, para Relevo por la Vida Estudiantil. La razón por la cual para mi es un honor ser parte de ese evento, no es solo porque recaudamos miles de dólares para ayudar a los pacientes de cáncer, sino porque les brindamos algo mucho más poderoso: la esperanza. 

Cuando hace pocos meses recibí un mensaje de mi madre con un artículo sobre la enfermedad COVID-19 con varios casos en China no le preste mucha atención. Pensé que no era nada muy grave para preocuparme. Poco sabía yo que esto se convertiría en una pandemia y que varias semanas después me iban a prohibir el salir de mi casa e iniciaría el proceso de clases virtuales. 

Al empezar el distanciamiento social, a lo primero que me enfrenté fue a la negación de la realidad. Ignorantemente me rehusaba a aceptar que lo que estaba ocurriendo era tan serio y pensaba que se acabaría pronto. 

Al percatarme de que este pensamiento era erróneo, esa negación se convirtió rápidamente en frustración. Me desesperaba el estar encerrada en mi casa y ver como todos los días la situación empeoraba, no solo en Puerto Rico, sino en todo el mundo. 

Además, la incertidumbre de lo que pasaba hizo que a mis frustraciones le siguiera tristeza. Tristeza al ver como miles de personas mueren por este virus terrible. Tristeza al no poder visitar a mis abuelos para no ponerlos en riesgo. Tristeza al darme cuenta de que quizás nunca volveré a ponerme el uniforme del colegio que llevo asistiendo por 13 años. Tristeza al pensar como estoy pasando mis últimos meses de escuela superior en mi casa sin poder salir, en vez de estar disfrutando este poco tiempo que queda con mis amistades y familiares. 

Cuando llegué al punto en el cual me sentía abrumada por tantos pensamientos, recordé mi primer Relevo por la Vida, y como me sentí tan orgullosa de ser parte de un equipo que se dedica a que los pacientes de cáncer supiesen que, la esperanza es lo último que se pierde. 

Actualmente nos encontramos en una situación difícil donde, para muchos, se ve imposible la mejoría. Sin embargo, es tiempo de cambiar nuestra mentalidad. En vez de lamentarnos, debemos ser optimistas y considerar como es posible que esto termine, si tomamos las medidas necesarias y nos cuidamos

Esta lucha apenas comienza, y tenemos oportunidad de ganarla si nos lo proponemos. Quizás continuaremos enfrentándonos a frustraciones y tristezas, pero el pensamiento de que todo estará bien es mayor que ambas. Dejemos que las esperanzas formen nuestro futuro, no las penas. Y sepamos que la esperanza es lo último que se pierde.


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