Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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La espina de la luz

Nadie ama a la AEE, por lo que, en esta ocasión, se recomienda continencia emotiva a aquellas defensas épicas de “patrimonio nacional” y “todo Puerto Rico con” que otras veces han sido exitosas.

Además de retrasar y obstruir negligentemente el trabajo de recuperación eléctrica, lo último en el inventario de infamias de esta agencia es sobre-facturarnos por un servicio que no tuvimos durante meses. Querellarse es una misión imposible y lo hacen para exacerbar ese odio silvestre que despiertan en cualquier ser humano que paga luz.

El problema con privatizar la AEE es uno profundamente ideológico y depende de si aspiramos a un gobierno para todas y todos o a un gobierno que le genere riqueza a un grupo ínfimo de personas. La electricidad es un elemento esencial para ejercer y garantizar los derechos más fundamentales. Por eso se considera un derecho humano. Es un servicio esencial.

La austeridad y la reducción del Estado ya desde los años 90 demostraron ser estrategias fracasadas en toda América latina. Nos hacen creer que el sector privado es eficiente y costo-efectivo cuando, en realidad, una parte significativa de la riqueza que genera proviene de una dependencia férrea a los contratos públicos, atravesados por relaciones corruptas de clientelismo político. Es decir, las privatizadoras explotan los recursos destinados a la gente, al bienestar público. Y lo hacen exclusivamente para generar riqueza. Eso no sería un problema si no fuera porque esa riqueza es para un grupo bien reducido de personas, que cada vez son más ricas y poderosas. No es para invertir en educación, en salud, en desarrollo y mucho menos en buenos trabajos.

Según un estudio reciente de Oxfam, el 1% más rico de la población mundial acaparó el 82% de la riqueza generada el año pasado mientras la mitad más pobre no se benefició en absoluto.

Hay que preguntarse cuánto nos cuesta la resignación que sentimos ante los abusos y la ineficiencia de la AEE. Y cuánto nos valdría transformarla para que le produzca al País, a la gente como usted y como yo, que necesitamos energía limpia, a un precio módico, nada más y nada menos que para la vida.

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