José A. Hernández Mayoral

Tribuna Invitada

Por José A. Hernández Mayoral
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¿La estadidad en cinco años?

Ricardo Rosselló anunció que la estadidad nos llegará en cinco años. Como fue en un mensaje a la asamblea de su partido, dirigido al elemento más fanático del estadoismo, nadie fuera de allí le hizo caso. La estadidad en cinco años (o en los ocho que había puesto la Comisionada en su proyecto de ley) no es, ni en lo más remoto, posible. Entonces, ¿por qué el gobernador prometió con tanto convencimiento algo que no sucederá?

Las bases creen lo que quieren creer aunque la evidencia en contrario sea contundente.

Debería ser obvio que nuestra condición fiscal imposibilita la admisión de Puerto Rico como estado por un futuro previsible. La razón es tan simple que hasta parece un silogismo: el Congreso nos requirió por ley un plan fiscal; la estadidad reorganizaría los recaudos contributivos de forma incompatible con el plan fiscal; por lo tanto, el Congreso postergaría cualquier consideración de estadidad hasta tanto se cumpla con el plan fiscal.

Tenemos una crisis fiscal porque hemos contraído más obligaciones de las que nuestros recaudos contributivos nos permiten pagar. Para salir de la crisis es necesario igualar los recaudos con los gastos. Como los recaudos están a tope, hemos tenido que recurrir a recortes de gastos, muchos de ellos muy fuertes.

Con la estadidad habría que compartir los recaudos con el gobierno federal, algo que bajo nuestra autonomía fiscal no hacemos. Se reduciría, pues, el presupuesto. Cada centavo que vaya a parar a Washington habría que restarlo de algún sitio (e.g. pensiones, jornada laboral, Universidad de Puerto Rico, entre otros).

Si alguien debe saber lo difícil que es balancear nuestro presupuesto es el gobernador Rosselló. Es evidente que le ha dedicado horas largas a examinar todo el panorama fiscal del gobierno, ha buscado en cada cajón donde puedan aparecer recaudos, ha inspeccionado cada rincón donde se pueda recortar un gasto. Si manejando tasas que son al menos tres veces más altas que la de los estados está perdiendo noches buscando que todo cuadre, ¿cómo pretende hacerlo con la reducción de recaudos bajo la estadidad? No es posible.

El Congreso no va a atender una petición de estadidad que eche por el piso el plan fiscal que ellos mismos mandaron a hacer. Dado que bajo la ley PROMESA el plan fiscal regirá hasta que se logre balancear el presupuesto por cinco años corridos y esos cinco años no comenzarán a contar hasta después de que la juez Laura Taylor Swain adjudique los asuntos ante ella, siéntense cómodos que esto va para largo.

Como si lo anterior no fuera suficiente, al Congreso también tienen que convencerlo de que los puertorriqueños verdaderamente interesan que Puerto Rico sea un estado. La evidencia más reciente sugiere lo contrario. Lo que hay son dos intentos burdos de fabricar mayorías artificiales para la estadidad, sacando inclusive al Departamento de Justicia del medio cuando se les pone impertinente.

Rosselló se está preparando para tiempos malos. (Van a ser malos aunque él haga las cosas bien.) Proclamó que “en cinco años todas las banderas de Estados Unidos tendrán 51 estrellas”, sabiendo que no tiene manera de lograrlo, porque está avivando a su base; dándole razones para mantenerse junto a él a pesar de todo porque “se acerca el logro del ideal”. Es a cinco años, no a menos de cuatro, por razones obvias.

Rosselló se va a atrincherar ahí. Centrarlo todo en la promesa de estadidad para aglutinar su base le funcionó en las pasadas elecciones. Pero hay una diferencia. Entonces el Partido Popular parecía despreciar su base para atraer votos de fuera. Desde el 25 de julio eso parece estar cambiando.

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