Emilio Pantojas García

Punto de vista

Por Emilio Pantojas García
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La estadidad insospechada

“Así se acaba el mundo, no con un estallido sino con un gemido”, dice un verso del poema “Hollow Men” de T.S. Elliot. Y, por lo visto, así llegará la estadidad, si es que llega, no con una ola anexionista votando en un plebiscito sino con un vuelco insospechado del destino.

No será el Partido Nuevo Progresista el que traiga la estadidad. Serán figuras políticas nuevas como Alexandria Ocasio-Cortez y, contradictoriamente, Carmen “Yulín” Cruz, junto a la diáspora puertorriqueña que pasó de los guetos de Nueva York, Nueva Jersey, Chicago y otras grandes ciudades a las salas de Brodway, a prestigiosas universidades, al Congreso federal, a las legislaturas estatales, consejos de ciudades y hasta la Corte Suprema de Estados Unidos.

En su discurso sobre “trato igual” estos nuevos actores de la política norteamericana adelantan la estadidad, aunque hablen de alternativas soberanistas. La “nueva” diáspora de la Florida y del suroeste americano también favorece la estadidad, según encuestas recientes. Si bien el presidente Donald Trump y los republicanos parecen aborrecernos, hay una creciente simpatía entre congresistas y candidatos/as presidenciales demócratas hacia la estadidad.

La lógica del discurso de “igualdad de derechos para los ciudadanos norteamericanos que residen en Puerto Rico” se traduce en la práctica en un discurso estadoista. “E Pluribus Unum”, de muchos uno, es el lema norteamericano, el “melting pot”, crisol de culturas y razas. Asimilarse a las costumbres y estilos de vida “americanas” y la primacía del idioma inglés, aún dentro de la aceptación de la diversidad, sigue siendo la norma estadounidense. El bilingüismo es una concesión que se otorga bajo el dominio del inglés. En ese discurso de la “diversidad subordinada” es que se montan las simpatías del mundo del entretenimiento que va desde figuras como George Clooney y el neozelandés Russel Crowe, hasta el chef José Andrés, quienes “descubrieron” los encantos de esta isla “norteamericana” después del huracán María.

La demografía es otro elemento importante en esta nueva ecuación estadoista. Desde la primera década del 2000, el perfil demográfico del país ha cambiado significativamente. Una investigación de la demógrafa Luz E. León López, indica que la reducción drástica de la población de Puerto Rico se debe a tres factores importantes: la emigración, la declinación de la tasa de nacimientos frente a la de muertes y la reducción de la tasa de fecundidad por debajo de la tasa de reemplazo poblacional. Ha comenzado un proceso de sustitución poblacional; a Puerto Rico llegan norteamericanos adinerados en busca de ventajas contributivas y latinoamericanos desplazados en busca de trabajo, mientras los puertorriqueños emigran.

La estadidad no está a la vuelta de la esquina, su apoyo nunca ha trascendido el 50% de los votos en los plebiscitos con participación de más de 66% del electorado (1967, 1993, 1998, 2012). No obstante, la lógica del nuevo discurso de igualdad, los reclamos de responsabilidad federal para la reconstrucción y las tendencias sociodemográficas nos mueven en esa dirección. Habrá que trabajar duro para construir nuevas alternativas viables de afirmación nacional si queremos otro desenlace.

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