Carlos E. Díaz Olivo

Punto de vista

Por Carlos E. Díaz Olivo
💬 0

La estadidad no es del PNP

Cuando el Partido Nuevo Progresista (PNP) se funda en 1968, ofrece al electorado una administración pública moderna y progresista, a tono con las realidades de una cambiante sociedad puertorriqueña. En su trayectoria, el PNP ha servido de instrumento fortalecedor de la democracia y de la alternancia respetuosa del poder. Figuras de la colectividad han hecho aportaciones significativas al quehacer colectivo y a la obra pública. 

Pero, a pesar de sus aportaciones, el PNP tiene sus problemas. El más grave de todos es que la colectividad ha permitido que se establezca una relación entre sus siglas y el tema de la corrupción.  El asociar al PNP con la corrupción puede responder a la agenda de sus opositores.  

La corrupción es un fenómeno que se repite en todas las organizaciones a través de la historia. Pero la realidad también ha sido que varias administraciones del PNP se han visto afectadas por escándalos, terminando en las convicciones de un presidente de la Cámara de Representantes, múltiples secretarios de gobierno, alcaldes y legisladores. La más reciente de las experiencias incluye la de un gobernador obligado a renunciar, por motivo de su inmadurez y la de su grupo íntimo de allegados, los cuales dejaran en evidencia su grado de enajenación y desatención para con la dura realidad existencial del pueblo a quien debían servir. 

Experiencias de esta naturaleza no resultan de ayuda a ninguna institución y menos a un partido político que procura representarse como una alternativa seria de administración pública. El problema es que esas experiencias desafortunadas pueden también repercutir sobre el ideal de estadidad. Por tal razón, a los estadistas les debe preocupar que la consulta de estatus que habrá de llevarse a cabo el 3 de noviembre de 2020 se celebre el mismo día que la elección general. La oposición ha declarado que habrá de atar la insatisfacción con la gestión gubernamental del PNP con un No a la estadidad. Esto significa que la opción de la estadidad corre el riesgo de no ser evaluada de forma justa, porque el malestar que pueda existir con la gestión del PNP puede repercutir negativamente sobre el ideal. 

Resulta irónico que este sea el caso, cuando los eventos naturales recientes y los efectos de la pandemia han hecho más que evidente cuán crucial es para los puertorriqueños su ciudadanía americana y el acceso al sistema de garantías políticas y económicas que representa el arreglo de la Unión Americana. La realidad es que la estadidad es mucho más grande y fuerte que el PNP. Sus simpatizantes se extienden a todos los niveles económicos, sociales, profesionales y artísticos de la sociedad puertorriqueña. La grandeza de su fuerza pasa con frecuencia desapercibida, porque muchos que la apoyan se reservan su sentir. Pero a todos les une el entendimiento de que su ciudadanía americana constituye un salvoconducto hacia una ruta de oportunidades y de crecimiento individual en el mercado económico y social de los cincuenta estados, además de constituir la mejor garantía para una serie de derechos y aspiraciones fundamentales que se han integrado a nuestra manera de ver y entender el mundo. 

A aquellos puertorriqueños que genuinamente entiendan que la única ruta que tiene Puerto Rico es la independencia les ha llegado el momento esperado de la definición suprema. En estos momentos, un No a la estadidad abre el camino expedito y definitivo hacia la independencia. El presidente Trump ha hecho manifiesto que Puerto Rico no está en su agenda ni forma parte de su concepción inmediata y futura de los Estados Unidos. Ese sentimiento lo comparten otras fuerzas que entienden que Puerto Rico resulta muy costoso para los Estados Unidos. De manera que, si a los propios puertorriqueños no le interesa formar parte de la sociedad política que son los Estados Unidos, justo es entonces que procuren su nuevo horizonte bajo la independencia.   

Por consiguiente, todas y todos los puertorriqueños que sí están claros del valor de su ciudadanía americana y que también tienen claro que el futuro de Puerto Rico es con, y no alejado de los Estados Unidos, no pueden hacerse los desentendidos ni confundirse con lo que está en juego en noviembre. Si usted no está conforme con la gestión pública del PNP, pues vótele no a Wanda, a Pedro o a la totalidad del PNP, si ese es su parecer. Pero en la papeleta del estatus, ocúpese de darle un sí a su ciudadanía americana. La estadidad y la ciudadanía americana no le pertenecen al PNP, sino a todo al pueblo que la valora.  

Otras columnas de Carlos E. Díaz Olivo

jueves, 21 de mayo de 2020

Lo que falta para una reapertura exitosa

Esta desescalada que iniciamos está repleta de dificultades y obstáculos. El gobierno tiene que aprender a actuar con agilidad y rapidez, dice Carlos Díaz Olivo

miércoles, 20 de mayo de 2020

La estadidad no es del PNP

La opción de la estadidad corre el riesgo de no ser evaluada de forma justa en las elecciones, porque el malestar que pueda existir con la gestión del PNP puede repercutir negativamente sobre el ideal, dice Carlos Díaz Olivo

lunes, 18 de mayo de 2020

Los empresarios también votan

Si al Estado no le importa la aportación social del emprendedor local, que recuerde que los empresarios también votan y también lo hacen sus familiares, sus amigos y patrocinadores, escribe Carlos Díaz Olivo

jueves, 14 de mayo de 2020

Lo que no te han dicho sobre el Código Civil

La Asamblea Legislativa y la gobernadora tienen legítima razón y autoridad para aprobar el nuevo Código Civil. No hay nada ilegítimo en su proceder, escribe Carlos Díaz Olivo

💬Ver 0 comentarios