Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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La estrella más fugaz

Si mencionamos la fecha, 31 de julio de 2018, eso puede que no diga mucho. Pero si se habla de lo que pasó ese día, más de uno abrirá anchos los ojos y dirá: “Oh, sí, claro que lo recuerdo”.

En esa fecha fue que el gobernador Ricardo Rosselló, dando por primera vez indicios de que él por fin veía lo que el resto del país llevaba tiempo notando, que su gobierno necesitaba un drástico golpe de timón, sacó a Raúl Maldonado del Departamento de Hacienda y lo nombró su secretario de la Gobernación.

Ese mismo día, nombró a Teresita Fuentes, una veterana contadora pública autorizada, para sustituir a Maldonado como secretario de Hacienda. Algunos suspiraron.

El gobernador Rosselló había llegado al puesto año y medio antes de esas movidas. Cargaba sobre sus espaldas todo el peso de su juventud. Se rodeó de gente con perfil similar. Se les veía entusiasmados, pero atolondrados; ansiosos de levantar el mundo, pero faltos de vida para entender cómo hacerlo. Los pasos en falso se sucedían con frecuencia de vértigo.

Faltan canas, se murmuraba por lo bajo, cerca y lejos de la Palma. Era una manera de decir que faltaba calle, vivencias, cicatrices, líneas en la frente, cayos en las manos, sudor, entre los que tenían a cargo la grave tarea de conducir la complicadísima atormentada isla esta que habitamos.

Canas a Maldonado no le faltan. Mucho menos a Fuentes, que había estado en Hacienda durante la ya lejana administración de Pedro Rosselló, padre del actual gobernador. Durante la incumbencia de Maldonado en Hacienda, tenía fama (desde afuera, se vio después) de hombre eficiente. Analistas de radio, incluso los de oposición, le consideraban la estrella del gabinete de Rosselló. Su movida a Fortaleza, a estar día y noche al lado del gobernador, cuidándolo, cuidándonos, ganó elogios aquí y allá, al menos entre los no muy escépticos.

Creían que, por fin, iba arrancar un gobierno que llevaba año y medio pistoneando, en parte, hay que ser justos, por los dos huracanes que nos pasaron por encima, uno llamado María y el otro quiebra y Junta de Supervisión Fiscal.

La idea de paz que algunos se habían hecho con esto duró poco. Todo se derrumbó con estruendo de edificio implosionado el lunes. Fuentes renunció, diciendo: “Señor gobernador, mi mayor deseo, ahora que regreso a mi vida como ciudadana privada es ver un gobierno que exhiba compasión, que establezca política pública con cuidado y prudencia y que busque curar y atender los retos que se le presentan con amor por el prójimo, pero sobre todo amor patrio”. Los que vieron par de pedradas en esas expresiones no están equivocados.

Hay ahora un paisaje de desolación, como el que se ve donde cayó una bomba. Entre los cráteres humantes están las versiones de que Fuentes se fue porque Maldonado, a quien el gobernador nombró “principal oficial financiero del gobierno”, quería seguir metiendo la mano en Hacienda como si aquella todavía fuera su comarca, sobre todo en lo referente a con contratos. Hay una fosa común (figurada, obviamente) donde están los que han caído (perdido sus trabajos) por meterse con los contratos del interés de Maldonado.

Varios ya descansan en paz ahí.

Maldonado, que tanto brillo tenía hace solo cinco meses, es hoy una figura envuelta en brumas, a la que el ciudadano común ve con mucho recelo. La reputación que tenía, por buenas o malas razones, eso se sabrá después, voló en cantos. Hoy se sabe que, cuando era secretario de Hacienda, le quitó la función de examinar contratos a un empleado de la agencia (que está hoy en la fosa común) y se le dio a un comité de allegados, algunos de los cuales terminaron recomendando que los contrataran a ellos mismos, al estilo de aquel personaje de la televisión, Cuca Gómez.

Cayó también la revelación de que contrató para venta de sellos de Hacienda a una empresa que había sido sacada de esa función antes porque no rendía cuentas claras. Maldonado no solo la volvió a contratar; también le dio un trato más generoso, que le permite ganar hasta $4.8 millones al año, a pesar de que hay un magistrado federal diciendo en corte que el interés público está mejor servido dando ese servicio desde Hacienda.

Y le cayó a Maldonado también la revelación de que su propio hijo, de su mismo nombre, ha sido beneficiado por contratistas que, a su vez, habían sido contratados por su padre. De esto dijo el padre: “La diferencia con mi hijo, obviamente, es que tiene una educación que está por encima de lo que es regular y ordinario en esta industria”. Para tranquilizarnos, la representante María Charbonier nos explicó que las figuras del gobierno tienen hijos talentosos, que no tienen la culpa de que sus padres estén bien conectados y que ellos necesitan trabajar como cualquier otro.

De Maldonado, la estrella que venía a poner orden, tuvieron que aclarar el Departamento de Justicia y la Oficina de la Contralora que no lo tienen bajo investigación.

Este melé dejó al gobierno de Rosselló aturtido, rebobinando de nuevo, por enésima vez desde enero de 2017. Pero rebobinando de forma bien rara, porque a pesar de todo este revolú, Maldonado terminó con más poder que antes, pues si es confirmado volverá al Departamento de Hacienda, es director de la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP) y sigue a cargo de las finanzas públicas.

De sus cinco meses como secretario de la Gobernación, no hay mucho que decir. Se puede, si se quiere, recordar que en estos días había familias adoloridas manifestándose frente al Negociado de Ciencias Forenses porque llevan semanas esperando que les entreguen a sus muertos, a pesar de las muchas veces que se han anunciado “medidas especiales” para atender esa crisis. O que se supo que el empleador único, una de las iniciativas insignias de esta administración, no acaba de arrancar. O que hay agencias que quizás se queden pronto sin dinero para la nómina.

Se trató, por lo visto, de una estrella fugaz. Pero tan y tan fugaz que ni un deseo hubo tiempo de pedirle.

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