Andrés Santos Ortiz

Punto de Vista

Por Andrés Santos Ortiz
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La ética deportiva no admite vulnerar reglas

En lo que dura un temblor, perdieron sus puestos de dirigente en las Grandes Ligas (MLB), Alex Cora y Carlos Beltrán. Duele ver lo que está sucediendo, así que, para identificar responsabilidades y aprender, reflexionamos aquí sobre hechos relevantes y valores vulnerados que provocaron el llamado “escándalo de robo de señales”.

En los deportes y particularmente en el béisbol, son características las reglas no escritas. Ahí encontramos algo de su cultura deportiva, valores, su código de honor y hasta el “fairplay”. Estas reglas no escritas son parte de la esencia del juego y sirven como herramienta de autorregulación. En el béisbol suelen emplearse para evitar humillaciones mediante pelotazos en caso de incumplimiento.

El robo de señales está documentado desde finales del siglo XIX. Existen reglas no escritas sobre este particular, por ejemplo, si las roba un corredor en segunda se permite siempre que no haya amplia diferencia de anotaciones. Pero si es el bateador quien mira para atrás para descifrar el próximo lanzamiento, puede que le apliquen la regla del pelotazo. El robo de señales utilizando tecnologías tampoco es nuevo, binoculares, telescopios y hasta telégrafos se han utilizado con este fin. Todo cambió cuando se establecieron dos reglas que limitaban las estrategias utilizadas para robar señales. La primera en 2002, cuando la MLB prohibió el uso de tecnologías para comunicarse en el terreno de juego. La segunda en 2017, cuando se añadieron sanciones y se prohibió el uso del cuarto de vídeo para decodificar las señales y obtener ventaja. 

Aun cuando el robo de señales ha sido parte del béisbol siempre, tras estas reglas, es poco lo que se puede argumentar para evitar que Cora y Beltrán asuman las consecuencias de la violación imputada. Confieso que hago un esfuerzo para dejar las emociones patrióticas de lado y evitar minimizar la falta cometida. Pero, la ética deportiva no admite vulnerar reglas que impiden obtener ventaja sobre la otra parte. Cualquier regla que promueva una competencia equitativa, es de estricto cumplimiento.

La competencia deportiva existe gracias a las reglas. Un juego se convierte en deporte cuando se instala un sistema de reglas y se organiza. Por tanto, las reglas son su columna vertebral. Éstas describen el deporte, las faltas y sus penalidades. La aplicación uniforme de un sistema equitativo de reglas sirve para alcanzar justicia competitiva e imprevisibilidad de resultados. Un deporte en el que se tome ventaja mediante la trampa, atenta contra el principio de que cada participante debe tener el mismo trato y esa ventaja puede dañar la emoción de desconocer quién ganará. La trampa viene acompañada de deshonestidad y vulnerar ese valor pesa. 

Existe justicia deportiva cuando se aplican las reglas a todos por igual u cuando las sanciones guardan proporcionalidad con la infracción. Se espera que la dirección de la MLB realice una investigación exhaustiva a todos los equipos sobre su participación en el robo de señales mediante dispositivos tecnológicos y concluya si se trató de una práctica generalizada, pues la impunidad impide esa justicia anhelada.


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