Carmen Albizu García

Punto de vista

Por Carmen Albizu García
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La evaluación, esencial para transformar el país

Las debilidades estructurales, la creciente desigualdad, la mortalidad prevenible y la ausencia de sana gobernanza en Puerto Rico han puesto en riesgo la salud física, emocional, social, económica y ambiental del país y lacerado la confianza de la ciudadanía en sus instituciones. Han surgido, en respuesta, múltiples esfuerzos provenientes de diversos sectores de la población que aspiran a contribuir al proceso de transformación que propenda a un desarrollo sostenible. Coinciden en la búsqueda de soluciones para garantizar sistemas de salud, educación, manejo ambiental, seguridad alimentaria, desarrollo económico y otros, que sean efectivos, sustentados en el respeto a los derechos humanos y que no se deterioren con el paso del tiempo. 

Estos esfuerzos requieren trabajarse con sistematicidad para evitar que la improvisación y la aplicación de teorías fallidas, el estilo que hasta ahora ha predominado en la gestión pública, impida alcanzar mejores resultados y el uso eficiente de nuestros escasos recursos. La transformación que se anhela tiene que proveer herramientas para que se gerencie mejor que ahora. No podemos incurrir en el uso de mensajes publicitarios en lugar de la evidencia científica para comunicar, como hace el gobierno, los efectos de su gestión. Se necesita contar con información veraz sobre los resultados de las innovaciones para valorarlas, revisarlas y determinar si en efecto conducen eficientemente y sin hacer daño al alcance de los cambios esperados.  

La situación que enfrenta el país requiere que la innovación en propuestas de política pública y en el diseño de programas y servicios se implemente aplicando el modelo de gerencia orientado a resultados en las agencias públicas y organizaciones no-gubernamentales. Urge transformarlas en organizaciones de aprendizaje inmersas en una cultura de evaluación. Esta transformación es necesaria para que se adopten creencias, actitudes y prácticas que valoren la importancia de integrar la evaluación a los esfuerzos de transformación. Implica contar con las competencias de evaluación para identificar y priorizar los problemas que limitan la transformación, determinar el mérito de las políticas propuestas para el desarrollo y tener la capacidad para recomendar estrategias efectivas para transformar y lograr cambio.

De esta manera, se asegura a lo largo de la vida de un programa contar con información válida sobre sus procesos y resultados para tomar decisiones atinadas y oportunas para mejorarlos. En este contexto la evaluación no se limita a determinar a largo plazo, si un programa o servicio rindió los resultados esperados finalizado un ciclo de financiamiento. Por el contrario, facilita realizar acciones correctivas durante su desarrollo para fortalecerlo e incrementar las posibilidades de ser exitoso en atender el problema que lo justifica. 

Por ello, la adopción de gerencia orientada a resultados integra la evaluación y monitoreo a otras gestiones cruciales en el ciclo de gerencia y utiliza información creíble para ajustar los programas y servicios y de esta forma, determinar sus méritos, calidad, utilidad y costo. Esta información es crucial para que los gerentes de servicios gubernamentales y aquellos con financiamiento público puedan asegurar que los dineros del pueblo se utilizan sabiamente. Permite además rendir cuentas a la ciudadanía sobre los resultados de su gestión. 

El desarrollo sostenible entabla incertidumbre y complejidad.  Establecer lineamientos para alcanzar una cultura de evaluación en las actividades transformacionales que se adopten en Puerto Rico no es inalcanzable. En nuestra Isla se cuenta desde hace más de tres décadas con un programa graduado para la formación de profesionales en evaluación en alta demanda, insertados en programas y servicios sociales y de salud en y fuera de Borinquen. Está ubicado en la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico. 

Sin embargo, los escenarios laborales no se han transformado en organizaciones de aprendizaje. Para ello debemos asegurar que estos profesionales se integran a organizaciones cuya gerencia se compromete con crear una cultura de evaluación donde la información se utiliza continuamente para crear capacidad estratégica y enfrentarse a la incertidumbre y complejidad de los procesos transformacionales. Alcanzar esa capacidad crítica en las organizaciones contribuye a la sostenibilidad de los programas exitosos. Si evaluamos para transformar y transformamos para contar con evidencia del impacto en nuestro desarrollo de las decisiones alcanzadas, ayudaremos a superar la penosa situación en la que el país se encuentra.

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