Juan Zaragoza

Tribuna Invitada

Por Juan Zaragoza
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La extinción de los comerciantes

De pequeño, me entretenía leyendo la Enciclopedia Funk & Wagnalls y los diccionarios. Aproveche los días de María para retomar la costumbre.

Diccionario de la Real Academia Española, Versión Caribeña, 1ra edición, Ediciones Huracanadas, 2017.

Palabra: comerciante boricua- dícese de residente de Puerto Rico que irracionalmente a estas alturas todavía tiene un negocio, batallando con el banco para mantener la línea de crédito (garantizada con su casa), con sus suplidores para que le fíen y con sus clientes para que le paguen. Todo esto en una isla cuya economía está deprimida y cada vez tiene menos gente.

Continúo con mi lectura.

Próxima palabra: comerciante boricua luego del huracán María- 1. dícese de residente de Puerto Rico, dueño de un negocio, que se levanta todos los días pensando si podrá abrir su negocio o no. 2. sinónimo de especie en extinción.

Hablo esta vez como comerciante y hermano en la fe de tantos otros miles de héroes que han decido quedarse manteniendo sus negocios en pie. Fe que nos hermana ya que es lo único que nos mantiene operando en este país.

Reconozco que en estos días de María hablar de prioridades que no tengan que ver con la salud y seguridad de nuestra gente, raya en la blasfemia. Aun así, tomo el toro por los cuernos y planteo que, entre esas prioridades debe estar la supervivencia de un grupo multisectorial de nuestra economía, que es el comercio local. Sector que le da trabajo a miles de personas en Puerto Rico y que, aunque muchos no lo reconocen, hacen lo indecible para pagarle la nómina a sus empleados.

Comerciantes que ya llevan más de una década, sobreviviendo más que viviendo y que en estos días se juegan la vida. Muchos han visto sus facilidades total o parcialmente destruidas, otros que tuvieron mejor suerte, pero dependen día a día de la disponibilidad de diésel, y otros que sencillamente tienen una vela prendida esperando que llegue la electricidad. Todo esto, sin entrar en sí tendrán el efectivo necesario para sobrevivir los próximos 30 días.

Por esto, cuando oigo hablar de los fondos para la recuperación y su posible impacto en la economía, aunque sea temporero, no puedo dejar de pensar en mis hermanos en la fe. Si no se hace algo rápido puede que muchos de ellos no existan al momento que empiecen a fluir los fondos, y esas puertas y ventanas que se hubiesen manufacturado en Puerto Rico, haya que traerlas de afuera; al igual que proyectos de construcción que se hubiesen manejado localmente, acaben en manos de contratistas extranjeros.

De lo que se trata es de tener conciencia comercial, esa misma que provocó que se liberalizara la ley seca y el toque de queda. Conciencia para proveer las herramientas financieras y operacionales para que los comerciantes puedan sobrevivir este periodo de crisis. En cuanto a lo financiero, lo que necesitan muchos comerciantes es un puente para sobrevivir los próximos 120-180 días. En lo operacional lo principal es el acceso al combustible para las plantas o en el caso de muchos que no tienen planta o su operación es muy grande para correr con planta, el acceso a la electricidad.

Esto es sin hablar de la eliminación de reglamentaciones que entorpezcan el levante de mercancía y otras transacciones comerciales. Finalmente necesitamos promover una filosofía de que ahora más que nunca hay que comprarle al de aquí. En esto, el Gobierno tiene que ser el primero en la fila.

Se espera que sean muchos los millones que fluyan en ayudas, pero si no le damos primeros auxilios a nuestros empresarios locales, no solo no podrán participar de la bonanza temporera, sino que se unirán a los dinosaurios como otra especie extinta.

Si no lo hacemos, al cabo de uno o dos años, en cuanto a la recuperación económica los miles de millones que pasaran por aquí nos recordar aquel poema de Jose Ángel Buesa que dice “Pasarás por mi vida sin saber que pasaste. Pasarás en silencio….”

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