Juan Rodríguez Pérez

Punto de vista

Por Juan Rodríguez Pérez
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La familia y el virus: sentir de un boricua lejos de su tierra

En momentos de crisis como los que vivimos hoy, vemos cómo el sentido común no es tan común, valga la redundancia. Escuchamos profesionales en radio y televisión decir que el distanciamiento social es la mejor forma de combatir el contagio del virus. Pero es probablemente cuando más vemos personas visitando a familiares y amigos. Escuchamos y leemos en los medios que quedarse en sus casas es la mejor opción para evitar exponernos, pero es cuando más filas de personas vemos en los supermercados y en algunas oficinas de servicios. ¿Acaso el puertorriqueño solo hace lo que le da la gana? ¿Será que la gente es tan inconsciente e ignorante de la gravedad de esta pandemia que no habrá forma de convencerlos de hacer lo correcto?

Primero, debemos decir que esto no es una conducta de puertorriqueños solamente, sino del ser humano en general. Esto pasa cuando no nos damos cuenta de la bendición que constituye tener a nuestros seres queridos vivos y reemplazamos ciertos valores con la tecnología. No es hasta que vemos la posibilidad de perder lo que creíamos intocable cuando nos damos cuenta de que nadie es intocable. Es ahí donde vemos la ruptura del valor familiar en estas nuevas generaciones. Ya la importancia de ir a ver y a hablar con un familiar ha sido reemplazada por los mensajes de texto y los correos electrónicos. Pensamos que el contacto con nuestra familia no es tan necesario hasta que vemos la posibilidad de perderlo por completo. Cuando sentimos que algún día cercano podríamos enviar un “text” o “e-mail” que nunca será respondido es que volvemos a sentir la importancia de esos valores. Y ahora, irónicamente, el querer estar cerca de la familia que subestimaste podría causar más daños que bendiciones.

Segundo, la gente no sale a las tiendas y otros comercios por inconscientes, sino por la necesidad de resolver algo que no atendieron a tiempo. ¿Cuántas veces decimos que el puertorriqueño deja todo para lo último? Esa habilidad de dejar para mañana lo que desde ayer deberíamos haber hecho nos ha perseguido desde que tengo uso de razón. Pero de igual forma que subestimamos a nuestra familia, también lo hacemos con la posibilidad de que las cosas malas nos pueden pasar.

Los momentos más difíciles están por venir y tenemos que entender que ahora no es el momento de recuperar el tiempo de antes del coronavirus. Ahora es tiempo de reflexionar sobre cuán importante es tu familia y amigos. Es el tiempo de entender que la mejor forma de amarlos es quedándote en casa. Por ahora, sigamos usando la tecnología que nos ha separado de ellos, para que podamos valorar los abrazos, besos y caricias después del coronavirus.


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