Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
💬 0

La flecha está en el aire

De entre la inagotable fuente de lecciones sobre la vida que hay en “El arte de la guerra”, el maravilloso tratado de estrategias bélicas del general chino Sun Tzu, que data del quinto siglo antes de Cristo, hay una que ayuda a entender los tiempos de conmoción que vivimos acá en este incandescente rincón del Caribe: “Incluso la mejor espada hundida en agua salada, con el tiempo se oxida”.

La espada es la legendaria paciencia del puertorriqueño; el agua salada, el ambiente de corrupción, degradación moral, bancarrota, precariedad, pobreza y abuso en que se le ha obligado a vivir por demasiado tiempo. La oxidación, como dijo Sun Tzu, no ocurre de un día para otro. Es más bien un proceso gradual que, incluso, puede pasar por invisible para quien no preste la debida atención.

Las señales de la oxidación han sido evidentes por algún tiempo. Pero miradas cada una aisladamente parecían no decir mucho.

La más potente señal era la emigración masiva. Puerto Rico perdió el 10% de su población en apenas 10 años. Una estampida de esa magnitud solo se ve en sitios que hayan vivido grandes conflagraciones bélicas, naturales o políticas. La nuestra fue política. El modelo colonial se vino abajo como una marioneta que le cortaron las cuerdas que la sostenían. Pero no lo habíamos entendido así.

La mayoría no despertó y vio que había algo roto hasta que, en julio de este año cientos de miles, exacerbados por el chat en el que el entonces gobernador Ricardo Rosselló se burlaba de su propia gente, salieron a la calle y no volvieron a casa hasta que el gobernante renunció cubierto en vergüenza. Fue un “shock” para muchos que nunca imaginaron que el agua estaba tan para chocolate. Fue un “shock” y un susto para demasiados.

Habiendo entonces pasado el furor de julio de 2019, y estando el país ahora metido hasta el cuello en la fiebre electoral con la época de candidaturas, algunos de los que nunca tomaron en serio lo ocurrido en el verano quieren hacernos creer a nosotros, o quizás hacérselo creer a ellos mismos, que aquello fue (nunca más propiamente dicho), golondrina de un solo verano, sin ningún significado duradero o importante.

Imaginan que, tras aquel sobresalto, la gente volvió a su redil, mansita como siempre, a esperar otra vez de buen ánimo los golpes que vengan de arriba. Viendo a los que se han postulado declara esa gente, ceremonialmente: “el verano del 19 ha muerto”.

No entienden ni una coma de lo que se vive aquí.

El verano fue la más poderosa manifestación de la oxidación de la relación entre la sociedad puertorriqueña con el poder político y hasta el económico. Pero no fue ni el principio ni el fin de ese largo proceso de resquebrajamiento.

Fue la continuación de un proceso que venía gestándose de mucho antes a causa de lo extraordinariamente difícil que se volvió la vida en Puerto Rico hace un tiempo y la incapacidad de la clase política y del Estado para atender, recoger, encausar o viabilizar las necesidades y aspiraciones de la sociedad puertorriqueña.

Había señales inequívocas de la ruptura. Está, ya se mencionó, la emigración masiva. Está, después, la pérdida de legitimidad de la clase política tradicional. Entre 2004 y 2016, la cantidad de votos íntegros por los tres partidos históricos –PPD, PNP y PIP– se redujo en 40%. En 2004, el 94% de los votos emitidos eran íntegros; en 2017, fueron el 72%.

En 2016, una candidata independiente, desconocida, salida de la nada, Alexandra Lúgaro, criticando más los vicios de la política tradicional que proponiendo ideas propias, sacó el 11.13% de los votos. El senador más apoyado, José Vargas Vidot, no pertenece a ningún partido. Rosselló ganó con el 58% votándole en contra.

La gente ve que los que tienen posibilidades de ganar las elecciones de 2020 son los mismos de siempre y cree que es que el verano de 2019 entonces no sirvió para nada.

El significado de esa realidad, sin embargo, es distinto: es el sistema defendiéndose, resistiendo la transformación que es evidente que el país necesita y luchando ferozmente por arrancarle un par de vueltas más.

Además, hay en el panorama político otra señal poderosísima de la oxidación: prácticamente todos los candidatos vienen de las entrañas mismas de los partidos, en una señal inequívoca de que la política tradicional perdió la capacidad de atraer gente nueva, fresca, con ideas novedosas, a sus filas.

Lo que vemos es gente que se recicló de otros puestos, que han tenido antes sus parcelas de poder, pero que no pueden presentar logros resonantes e inequívocos articulables en una sola oración.

Gente de afuera no es bienvenida.

En el caso del PNP, el doctor Iván González Cancel, desistió de aspirar por falta de posibilidades de ganar. A pesar de lo que se pueda pensar de los méritos o falta de méritos del galeno, es una figura muy exitosa en un campo distinto de la política partidista que, por segunda vez, no logra meterse a una papeleta.

La gobernadora Wanda Vázquez, que tampoco viene de la política partidista, coquetea con la idea de postularse; los organismos partidistas están juntando hombros queriendo hacerle entender que no es bienvenida.

Algo parecido pasa en el PPD con Juan Zaragoza. Independientemente de lo que se piense de él, es un empresario exitoso en la contabilidad que se atrevió a postularse, pero no ha podido salir de la última posición en ninguna encuesta.

Los partidos son logias cerradas en las cuales se sobrevive solo mediante unas destrezas especiales que no se adquieren en la vida real.

Con todo y eso, controlan, todavía, el juego. Cada día pesan menos, pero todavía bastante. Hay gente que no ha gobernado nunca postulándose por el PIP y por Victoria Ciudadana; está por verse qué éxito tendrán.

De la misma manera en que no es muy probable que el planeta comience a girar en dirección contraria de un día para otro,nadie debe aguantar la respiración creyendoque transformaciones de la enorme magnitud de las que necesita Puerto Rico van a darse de la noche a la mañana.

Lo importante es que se entienda que es algo que ya empezó a andar y que abundan las señales de que no se ha detenido. El avance es lento, pero evidente e inexorable.

Hacia dónde vamos, no se sabe. Pero vamos y eso es mucho más de lo que se podía decir antes. La flecha está en el aire y no se puede detener.

Otras columnas de Benjamín Torres Gotay

domingo, 15 de diciembre de 2019

La década de la resurrección

Dentro de las enormes dificultades de la década que está por concluir, se vio también la semilla de un tiempo mejor, opina Benjamín Torres Gotay

domingo, 8 de diciembre de 2019

Guerra a Wanda Vázquez

La gobernadora Wanda Vázquez va a empezar a ser mirada con una lupa bien distinta si decide postularse a la gobernación

domingo, 24 de noviembre de 2019

Un plan de muerte

El acuerdo entre la Junta de Supervisión Fiscal y los bonistas de la AEE puede causar otra hecatombe económica en Puerto Rico

domingo, 17 de noviembre de 2019

¿Qué le pasó al Tribunal Supremo?

El daño a la imagen que el Tribunal Supremo causó a la judicatura buscando un aumento salarial en este momento tardará mucho en repararse

💬Ver 0 comentarios