Roberto Alejandro

Desde la diáspora

Por Roberto Alejandro
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La frontera: otra crisis manufacturada

El Partido Republicano tiene un record muy diestro y consistente en manufacturar crisis.   Hace casi veinte años, se inventaron unas armas de destrucción masiva, sin duda camuflajeadas con palmeras y arena en algún palacio de Saddam Hussein, y que era necesario extirpar antes de que llegaran a Nueva York y pusieran fin a la civilización occidental.  También inventaron un recibimiento de héroes para los invasores.  Luego de una invasión brevísima, cuando el pueblo iraquí conociera las encuestas y el confeti de las elecciones, el estruendo de vítores democráticos galoparía por el desierto y se escucharía en su vecino Irán.  Con ese cuento, hilvanado por sus pitonisos, apoyado por la prensa “mainstream,” y los dirigentes del Partido Demócrata, llegaron a Fallujah y a Mosul, y a Baghdad.  Todavía andan por allá, pero cada vez con el aburrimiento del ocaso.

Aquella aventura fue el error geopolítico más costoso de la elite norteamericana.  Su invención creó las condiciones para el surgimiento de ISIS, el fortalecimiento de Irán y la guerra en Siria.  

El costo en vidas ha sido incalculable.  El financiero excedió las usuales barreras detenidas en los billones: $1.8 trillones es la carga financiera de la guerra en Iraq y Afganistán, de acuerdo al proyecto “Cost of War” de Brown University. 

Ahora Trump y su partido vuelven al viejo hábito, esta vez para manufacturar una crisis humanitaria en la frontera con México.  Ante tal crisis, en sus palabras, Trump “would be proud to shutdown the government.”  America First. Pero esto es solo un paroxismo de su derrota en noviembre y estamos ante la  “segunda crisis” del presidente y sus seguidores.  La primera fue el cuadro apocalíptico sobre la sociedad estadounidense cuya solución desembocaba en él y en solo él.  “I alone can fix it.”  

Hay cuatro hechos, una verdadera pared empírica, contra la que Trump y su crisis solo cuentan con los escapes de negación y mentira.  

Primero: Frente a la mentira de que se han arrestado cuatro mil terroristas, los datos del U.S. Custom and Borders Protection para la primera mitad de 2018 muestran el arresto de seis personas sospechosas de terrorismo.  Entre octubre de 2017 y marzo de 2018 se arrestaron a 41 personas ya clasificadas en el Terrorist Screening Database; 35 eran ciudadanos americanos o residentes legales.

Segundo: En el año fiscal 2018, finalizado el pasado septiembre, el U.S. Custom and Borders Protection arrestó a 396,579 indocumentados, ni siquiera los 413,377 arrestos promedio durante los ocho años de la administración del presidente Obama.

Tercero: la mayoría de la droga procedente de México entra en escondrijos clandestinos por puertos legales (ports of entry), no por la frontera.  

Cuarto: Fentanyl, la droga detrás de la mayoría de las sobredosis, llega de China, no de México.  

Antes estos hechos, la nueva “crisis” tiene una explicación, demasiado banal para darle mérito y, por lo mismo, demasiado trumpiana para ser descartada.  En el ámbito legislativo y en ausencia de propuestas con amplio apoyo bipartidista, la presidencia de Trump se extinguió.  La iniciativa se traslada ahora al foro demócrata. 

Aun con mayorías en Cámara y Senado, el único logro republicano fue la reducción de contribuciones a los ricos.  La pared, como promesa de campaña, es pasión y acicate para el racismo de muchos.  Pero es filfa para un partido cuya candidata presidencial ganó el voto popular por casi tres millones y, el pasado noviembre, sus votos para la Cámara superaron por 9.7 millones los votos republicanos.  

Esto quiere decir que la pared, nunca prioritaria cuando su partido controlaba la Cámara y el Senado, pasó a mejor vida.  ¿Qué queda entonces para el presidente?  Queda el decreto, las “emergencias nacionales,” otro tour de mítines por los campos de Nebraska y South Dakota, los tuits, y otras acciones que la creatividad del asediado con acceso a la rama ejecutiva de Estados Unidos, puede intentar.  Muy deseoso de equivocarme, no me extrañaría una acción contra Venezuela, en un despliegue, con refajo visto desde Plutón, para acabar con el desacreditado régimen de Maduro e intentar, en su imaginación, desviar la atención.

Con nuevos poderes en la Cámara y una avalancha de investigaciones, ruido de subpoenas por los pasillos de la Casa Blanca, la iniciativa republicana es hoy la parálisis y el teatro de “Hedgehog Day”.  “America First.”

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