Manuel Torres Márquez

Tribuna invitada

Por Manuel Torres Márquez
💬 0

La genética de la corrupción

En la genética partidista se repiten los frutos de la corrupción para sumirnos en vergüenza e indignación.  Recientemente, en México, intervine en la iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para medir las implicaciones de la violencia social y política en la calidad de vida individual y colectiva. El contubernio entre empresarios y políticos para saquear los recursos del Estado constituye violencia institucional al privar a los ciudadanos de servicios de calidad imprescindibles. Esto incide directamente en la credibilidad y confianza regional e internacional en los gobiernos y afecta el clima de inversiones, así como las intenciones y decisiones para la ayuda económica dirigidas a la recuperación y el desarrollo.

Al iniciar su mandato, Ricardo Rosselló estableció que su prioridad sería pagarle a los bonistas y la búsqueda de los más experimentados y comprometidos recursos humanos. Al nombrar con sobresueldos a los secretarios de Educación y de Seguridad Pública, violentó las normas constitucionales incurriendo en un acto impropio e insensible.

La cadena de conductas corruptas de contratación a familiares y empleados fantasmas gestionados por la cúpula directiva de la legislatura es un ejemplo más del regreso de los saqueadores que engendró la administración de Pedro Rosselló. Solo bastaría con señalar la pensión privilegiada que recibe el exgobernador, motivo de cárcel para otros por certificar su elegibilidad a pesar de que no le correspondía. Se repiten los tiempos de Alí Babá y los cuarenta ladrones.

Provoca repudio la forma en que la primera familia del país delegó la recaudación de fondos privados para mitigar los efectos de los huracanes en 2017 y el uso desmedido de fondos públicos para publicidad, intentando ocultar la improvisación, la ineficiencia y el patrón antiético de su gobierno.

¿Por qué patrocinar a personajes como Jorge de Castro Font que, descaradamente, actúan como analistas de la genética de la corrupción de la que son portadores? La disyuntiva del PNP es correr con el incumbente impresentable o escoger entre el oportunismo de Jenniffer González y el liderato intolerante y demagógico de Thomas Rivera Schatz. 

Un sector del PNP se ha convertido en un club de saqueadores y de tuiteros que desprecian la decencia en la administración pública. La zafra de saqueo en ese partido es patológica, pero el PPD no ha sido, en las últimas décadas, un ejemplo de transparencia ni de verticalidad en el manejo de la gestión gubernamental.

Cuando los pueblos pierden sus líderes auténticos, se frena su avance hacia metas de bienestar común. La corrupción afecta directamente la construcción de calidad de vida al privar a la ciudadanía de servicios integrales y eficientes. Enfrentamos la posibilidad de salir del subdesarrollo político y económico, si aceptamos el reto de mejorar nuestra convivencia democrática y cohesión social avanzando en la fiscalización de la gestión partidista y gubernamental. Establezcamos mecanismos de revocación de mandato, innovadores y ágiles, que nos permitan separar de sus puestos a políticos incompetentes y corruptos. Les convoco a que, con nuestra militancia y voto, construyamos un Puerto Rico que rebase la inacción, la adolescencia política, una historia trunca, el “ay, bendito” y los seudolíderes que han hecho de la avaricia su razón de ser. 

¿Por qué no darnos la oportunidad para romper con el tribalismo improductivo y vergonzoso de los partidos tradicionales? Se buscan líderes éticos con formación, experiencia, vocación de servicio, sensibilidad y respeto a la diversidad. ¿Qué nos lo impide?

Otras columnas de Manuel Torres Márquez

💬Ver 0 comentarios