Marcia Rivera

Tribuna Invitada

Por Marcia Rivera
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La gente ha dicho: “así yo no brego”

Ayer se rompieron todos los récords de asistencia a una convocatoria en Puerto Rico. En buena medida, el objeto de repudio colectivo, el gobernador Ricardo Rosselló, fue precisamente quien estimuló tan impresionante participación ciudadana. Su mensaje del domingo, vacuo y enajenado, presumiendo que nada ha pasado, hizo que rebasáramos una vez más el umbral de la indignación colectiva. Por ello, de todas partes a la calle salieron adultos mayores, gente en silla de ruedas, madres con infantes en carritos, jóvenes, trabajadores asalariados, empresarios, jubilados y estudiantes.

Con mucho calor pero sin miedo, cientos de miles de personas expresaron su contundente rechazo a las políticas, las prioridades, la corrupción e irresponsabilidad de Rosselló en la administración pública. Una vez más, en impresionantes y creativas movilizaciones, el país habló claro y con una sola voz: se tiene que ir; y con él su equipo de trabajo, así como la Junta de Control Fiscal.

La testarudez de Rosselló y su resistencia a aceptar que ha fracasado como líder y jefe de gobierno están generado una complicada crisis de gobernabilidad. Tuvo la oportunidad de hacer como Mariano Rajoy, expresidente de España, que reconociendo su incapacidad de seguir al frente del gobierno al perder la confianza de la ciudadanía y estando su partido acosado por la corrupción, dio un paso al costado y volvió a su función de Registrador, su trabajo antes de ingresar en política. Rajoy rechazó el sueldo y los privilegios que le hubieran correspondido, dando muestras de haber comprendido el clamor ciudadano.

Rosselló se aferra a su cargo y reta a los legisladores a que le hagan un juicio político porque maneja información de que la corrupción también se pasea por el Capitolio y puede ver la luz pública si se inicia allí un proceso de destitución.

La población, despierta y decidida, quiere que caigan todos los que deben caer. Puerto Rico está en un momento de eclosión, donde un nuevo orden puja por salir adelante y el viejo se niega a desaparecer. El nuevo busca generar una sociedad en la que todos podamos aportar nuestros talentos y capacidades para refundar las instituciones fundamentales, hoy quebradas y agobiadas por años de malos manejos, corrupción e indolencia, así como las prácticas políticas para que sean más democráticas y equitativas. El viejo sigue intentando fórmulas fracasadas de nepotismo, clientelismo, favoritismo en la concesión de contratos y prebendas, así como una concepción de que quien gana una elección arrasa con todo y no necesita consultar a la oposición ni a la ciudadanía para los proyectos del país.

El momento nos ofrece una oportunidad extraordinaria para iniciar procesos que son fundamentales de cara a un nuevo futuro y que han sido reclamos ciudadanos desantendidos desde hace mucho tiempo. Todos tienen urgencia y habrá que ir trabajándolos simultáneamente en comisiones ciudadanas multisectoriales.

Primero, es preciso generar consenso para una nueva estrategia integral de desarrollo humano sustentable, que aporte a la creación de un orden económico y social más justo.

Segundo, tenemos que acordar cómo proceder con el tema de la deuda odiosa que nos asfixia y claramente no podemos pagar. La Junta de Control Fiscal solo ha examinado una ruta de reestructuración, que generará mucha penuria en nuestro pueblo. Puede haber otras vías de proceder, de adjudicar responsabilidades y de generar nuevos ingresos para mitigar los daños que ya se han hecho a fondos de pensiones de funcionarios públicos y estimular la economía.

Tercero, tenemos urgencia de establecer prioridades presupuestarias en función de necesidades reales de las personas, así como prácticas sanas y eficientes de administración gubernamental para recuperar calidad y confianza en los servicios públicos. Tres ámbitos son los más urgentes: educación, salud y vivienda.

Cuarto, es imperioso cambiar sustancialmente nuestro ordenamiento político electoral, lo que conllevará trabajo inicial de lograr acuerdos sociales y trabajo legislativo y de revisión constitucional. Cuestiones como asegurar referendos revocatorios que nos eviten las angustias que hoy estamos pasando, incorporar mecanismos para iniciativas legislativas desde la gente, limitar el período de los funcionarios electos, limitar los gastos y el tiempo de las campañas, generar una ley de medios que salvaguarde la ética pública, prohibir el nepotismo, establecer dos vueltas electorales, entre otros, necesitan ser atendidas en el corto plazo para poner en marcha un cambio sustancial. Necesitamos recuperar la política de manos de la partidocracia que la ha desvirtuado. Solo así podremos tener opciones de cara a las elecciones de 2020.

Este proceso de despertar de la conciencia ciudadana nos obliga a discutir seriamente cómo encauzar el proceso de descolonización y libre determinación de Puerto Rico. La madeja de entrampamientos y de corrupción que se ha generado a partir de una relación colonial indigna y humillante tiene que terminar y dar paso a un proceso donde podamos plantear una nueva forma de relación tanto con los Estados Unidos como con el resto del mundo.

En la calle hubo ayer muchas personas; casi la misma cantidad de las que votaron en las elecciones pasadas. Todas reclamaron poner en marcha un cambio significativo para enderezar el rumbo del país. No se trata de que Rosselló renuncie o lo renuncien y venga otro igual o peor. La gente no está dispuesta a bregar más con la cultura de pillaje que domina la partidocracia. Los líderes del PNP deben tener claro que quien sustituya a Rosselló debe pasar por un filtro ciudadano. Nadie con sospechas de haber sido parte de las prácticas que nos han traido a este desastre será aceptado. No hay que temer a este despertar; hay que ser parte de él para generar un país donde podamos sentir orgullo de lo que juntos podemos hacer.

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