Víctor Rivera Hernández

Punto de Vista

Por Víctor Rivera Hernández
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La gestión pública amplia e inclusiva contra el COVID-19

Un programa televisado recién difundido inició con una cita extraordinaria del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien sentenció que la respuesta global de los estados será eficaz y que “solo si olvidamos el juego político y nos unimos, y entendemos que es la especie humana la que está en juego, podremos superar esto”.

Sin embargo, el mundo entero ha visto las posiciones extremistas sobre la emergencia del presidente de Estados Unidos en un principio, así como de los presidentes de México y Brasil, ante la complejidad de la pandemia más terrible que haya afectado a la humanidad en tiempos contemporáneos.

Mientras, en España las grandes grietas políticas afectan la capacidad del Estado de tener consensos mínimos en relación a sus políticas públicas para enfrentar la pandemia.

Una cosa nos queda clara, no habrá éxito en enfrentar el COVID-19, si los Estados y la humanidad misma no llegan a grados sostenibles de consenso y de concertación.

Aunque estamos de acuerdo que la afectación más importante del COVID-19 es a la salud y a la vida misma, existen otras afectaciones que no podemos soslayar y que requerirán de igual forma de nuestras competencias, pericias e inteligencias. Las consecuencias económicas y sociales son y serán gravísimas, mientras más se extienda el azote pandémico y pondrá al relieve las instancias de inequidad y desigualdad económica y social existentes a través del planeta. Una de las áreas de mayor afectación, en esta coyuntura, será el mundo laboral.

Ya, la Organización Internacional del Trabajo ha adelantado que es preciso prepararnos para la pérdida permanente de 25 millones de puestos de trabajo, a nivel mundial y han advertido que los gobiernos tienen que ser creativos y producir medidas de gran escala que puedan estimular la economía y el trabajo. En este análisis subyace toda una agenda que debe ser promovida por los gobiernos, pero no limitada a los gobiernos. La misma debe ser más amplia, integrada e inclusiva. 

En el caso particular de Puerto Rico, hay que estipular que se han tomado medidas necesarias y medulares en las áreas de salud y seguridad. A su vez, se han establecido medidas a corto plazo para atender la economía de algunos trabajadores y empresas. Las mismas aunque loables y acertadas, no han sido ni serán suficientes para atender la situación de un país profundamente asediado por una economía débil y en números rojos, desde hace más de una década.

En todo esto, algo ha faltado en el esfuerzo gubernamental realizado. Tomando como base, lo acertado de la constitución del equipo médico asesor para optimizar las acciones del gobierno, urge replicar la iniciativa gubernamental a otros grupos e instituciones con el objetivo de pensar de manera holística, la realidad que nos afecta y el futuro que ello nos depara.

Mientras se piensa y atiende la emergencia de salud inmediata, será medular establecer una estructura permanente de pensamiento y acción que incluya, al palio de esta emergencia, otras áreas de acción prioritaria con el objetivo de producir estrategias y respuestas en áreas de gestión pública, economía, planificación, seguridad social, tecnología, educación, arte y cultura, deportes, demografía, descentralización y regionalización, entre otras.

Si algo debemos aprender de esta emergencia es sobre la evidente fragilidad humana de los individuos y estructural de los gobiernos. Ampliar los círculos de discusión, de participación, de análisis y de toma de decisiones, será vital para enfrentar los escenarios de incertidumbre. Al final, como ha expresado el secretario de la Organización Panamericana de la Salud, “todo lo que hagamos durante esta crisis y después de ella deberá centrarse en la construcción de economías y sociedades más equitativas, inclusivas y sostenibles y que sean más resistentes a las pandemias, al cambio climático y a los muchos otros desafíos mundiales a los que nos enfrentamos”.



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