Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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La gran noticia de la hora: la tierra no es plana

La clase política tiró su último cartucho legal contra la Junta de Supervisión Fiscal, que es lo mismo que decir contra el Congreso de Estados Unidos. El disparo, en un desenlace que no debía ser inesperado para nadie, le salió por la culata. Pero en el país en el que se inventó hace décadas la era de la “pos verdad” de la que todos ahora hablan, con aquello de que dejamos de ser colonia en 1952, había gente esta tarde con los aspavientos de quién recién se hubiera enterado de que la tierra no es plana. 

Es que no entienden, o se hacen los que no entienden, ni una letra de lo que se trata esto. 

Puerto Rico tiene muchos problemas, y habrá, por supuesto, muchas maneras de afrontarlos. Pero el problema con la Junta, con el Congreso, con el gobierno de Estados Unidos, con quien nos metió en este saco indigno de coloniaje y junta, es político, no es legal. 

El Congreso manda aquí, nos puede vender, puede discriminar, actuar como le venga en gana. Así lo han decidido una y otra vez los tribunales estadounidenses, desde finales del Siglo XIX, con los archifamosos casos insulares, hasta nuestros días, con Sánchez Valle, apropiadamente descrito por muchos como “el último clavo en el ataúd del Estado Libre Asociado (ELA)”. El poder del Congreso sobre Puerto Rico está explícitamente establecido en la cláusula territorial de la Constitución de Estados Unidos, que dice: “el Congreso tendrá la facultad para disponer y formular todos los reglamentos y reglas necesarios con respecto a territorios u otros bienes que pertenezcan a los Estados Unidos”. 

En pocas palabras, cuando el Congreso decidió, en los albores de la invasión, que los puertorriqueños no estábamos capacitados para gobernarnos a nosotros mismos, actitud que ha mantenido por más de cien años con diferentes matices y a veces hasta con amagues de pudor, estaba perfecta y legalmente autorizado a hacerlo, por su ordenamiento constitucional. Es discriminatorio, sí. Abusivo, claro. Antidemocrático, por supuesto. Legal, dentro del ordenamiento legal estadounidense, que tiene este sartén por el mango y es el mismo al que acudimos como corderitos a cuestionar Promesa, ¡por supuesto!

Eso es coma una vaca preguntándole al dueño de la granja si es legal que la piquen como pa’ pasteles.

Los puertorriqueños estamos en una encerrona con esto de la colonia, que nos duele y nos  cuesta. El otro día, por ejemplo, los más importantes economistas locales revelaron cinco estrategias para echar andar nuestra decaída economía: todas estaban bajo el poder del gobierno de Estados Unidos. 

La operación de la Junta, la facultad que le dio el Congreso para mandar sobre nuestros funcionarios electos, le puso un nuevo y humillante ingrediente a esta relación que nunca ha sido digna. La encerrona, así, alcanzó un nuevo significado. Y corrimos a quejarnos, pobres ingenuos, a las cortes estadounidenses, las mismas cortes que siempre le han puesto su estado de aprobación a esta indigna situación.  

Enternecía el corazón oír a populares hablando de los pleitos contra Promesa. Uno hasta llegaba a emocionarse con ellos. Les temblaba la voz de la emoción. Les brillaban los ojos con la expectativa. Se pusieron más exóticos que nunca en las teorías legales y miren que ellos siempre han sido exóticos en eso. Se acostaban sonrientes con la esperanza de que la jueza Laura Taylor Swain iba a darle respiración artificial al ELA. 

Esta tarde, al ver la decisión, se enteraron una vez más de que la tierra no es plana y respondieron con la madre de todas las perogrulladas: “no hay duda de que somos una colonia”.

Desde el Partido Nuevo Progresista (PNP), la óptica es diferente. Los pleitos fueron una formalidad para decir “no fuimos nosotros, fue la Junta”. Hablan de apelar, pero eso se ve difícil. El gobernador Ricardo Rosselló adelantó que no ejecutará las directrices con las que no está de acuerdo. Si va otra vez por el canal legal, va a perder de nuevo. La ley Promesa es clarísima; la Junta manda. Si tiene otras estrategias en mente, está por verse. 

Le conviene a él, nos conviene a todos aprender, que el coloniaje no va a ser derrotado en las cortes estadounidenses, pues las cortes son un elemento esencial del engranaje imperial. Este es un problema político y como tal tiene que enfrentarse y afrontarse. ¿Habrá “babilla”? El tiempo dirá. O quizás lo dijo ya. Por más de cien años. 

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