Ada Álvarez Conde

Tribuna Invitada

Por Ada Álvarez Conde
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Lágrimas de fuego

Muchos en Puerto Rico celebraban el Día de las Madres el pasado domingo, como cuando en forma de puñal se nos apretó el pecho al enterarnos que Yomaira Hernández Martínez, de 13 años había fallecido.

La menor fue quemada por su ex novio el 23 de marzo pasado. Resultó con quemaduras en el 90% de su cuerpo y por siete semanas peleó por su vida. 

Lejos de preguntar dónde estaban los padres del agresor, la madre y padre de la menor, la escuela, los vecinos, toda la culpa en comentarios de redes sociales fueron dirigidos a la madre. También llovieron comentarios de ay bendito.

Las reacciones reflejaron que se ha hecho común señalar a las mujeres por sus desgracias y que creemos que nos toca toda la carga del hogar, sin ver que debe ser un equipo.

Tomo entonces aquí un espacio para analizar este caso para que nadie más enfrente este abuso, antes que la muerte de Yomaira se olvide. 

Esta joven murió porque el que una vez le dijo que la quería, no la quería para más nadie. La joven, que decidió romper la relación, fue quemada. La gente está consternada con las edades, pero lo que hizo que el joven la quemara tiene nombre, violencia de género y en este caso, algo de lo que pocos hablan, violencia en el noviazgo. 

A los 15 años fui yo, en un tribunal, buscando una orden de protección. Muchos, incluyendo el proceso en la Policía y Tribunales, argumentaron que eso era cosa de “chamaquitos”. Entonces, me empezaron a perseguir cuando lo dejé. Desde entonces he dado más de 500 charlas en escuelas para combatir la violencia en el noviazgo.

En febrero entrené más personas en el tema al que le he dedicado mi vida. Ya ofrecimos 238 charlas (en todos los municipios) con un impacto de 14,769 jóvenes en las escuelas en un mes. Llevamos un movimiento 100% sin ayuda gubernamental.

Sin embargo, ¿por qué hay que esperar a las tragedias para centrarnos en este tema? Vamos a dirigir la mirada a la prevención y las soluciones.

No hay protocolo en el Departamento de Educación para manejar violencia en el noviazgo. Tampoco a veces hay personal de trabajo social y consejería.

Un solo trabajador social para escuelas con 400 o 500 estudiantes no es suficiente para atender a los y las jóvenes.

Mientras, no existen datos de Puerto Rico sobre este asunto, fuera de trabajos independientes.

Wilson, implicado ahora en la muerte de Yomaira, enfrentará muchos cargos, pero ninguno por violencia de género.

No hay nada sobre violencia en el noviazgo en las cárceles juveniles. No hay educación preventiva,  promoción ni servicios adecuados de salud mental.

En la medida que se aprieta a la clase trabajadora, menos queda para la salud preventiva.

La violencia se está volviendo parte del lenguaje normalizado. Mientras, crece la violencia institucional. Además, y no menos importante, el Estado ha atacado mujeres al no quererlas atender cuando pidieron declarar una emergencia y al negarle un currículo que buscaba enseñar la equidad en las escuelas.

Género no es una mala palabra, derechos y prevención tampoco.

La violencia en el noviazgo existe. Uno de cada tres jóvenes lo vive. Edúcate sobre las señales en el portal www.violenciaenelnoviazgo.com y combate este tipo de relación indigna que no se debe tolerar.


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