Sara Benítez

Punto de vista

Por Sara Benítez
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La grupalidad masculina: caso del Telegram chat

Cuando salieron las copias del Telegram Chat del gobernador, Ricardo Rosselló, con su íntimo equipo de trabajo, compuesto solamente de hombres, hombres adultos con capital y poder político, inmediatamente lo asociamos con las expresiones despreciables que escuchamos del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, jactándose, frente a un comentarista deportivo, sobre el modo que empuñaba las partes íntimas de las mujeres sin su consentimiento y en el caso de la Manada en España que se expresaban sin vergüenza alguna sobre sus agresiones sexuales. 

Claramente son una manifestación de la cultura machista del llamado “boy’s club”, “locker room” o como le llaman en España, la “grupalidad masculina”, en el que un grupo de hombres, por ser precisamente hombres, aprovecha dicho espacio como refugio para perpetuar su cultura machista y sexista y que promueve la imitación de lo peor. En el caso de Rosselló, se usa el espacio digital y extraoficial para entretejer su “vacilón” misógino y homofóbico con su función oficial de desarrollar e implantar política pública. 

El fenómeno del “boy’s club”, “locker room” o “grupalidad masculina” ha sido ampliamente estudiado. Son espacios donde los hombres se relacionan y confían en otros hombres como parte de sus estrategias para sentirse machos y mantenerse en el poder. Son espacios entre camaradas en los que se reproduce solidaria y secretamente el machismo y la violencia que se vuelca directamente contra las mujeres, la comunidad LGBTTQ y contra personas que podrían amenazar su poder.  Esta lealtad del espacio “secreto” y oculto, potencia la violencia tipo “no me digas que te vas a rajar” y promueve expresiones ofensivas basadas en las bromas homofóbicas, en comentar o ridiculizar el aspecto físico de las mujeres, en enviar fotos burlonas, en humillar y conspirar contra aquellas personas que amenacen con terminar con su poder y control y hasta con atacar y agredir.  Los hombres que participan en este tipo de grupo siempre se excusan de lo que dicen en el mismo porque entienden que dicho espacio de alguna manera minimiza su efecto dañino y que “son cosas que hacemos cuando estamos entre hombres” para relajar y pasarlo bien. 

Este tipo de dinámica también la vemos entre varones jóvenes que encuentran en las redes sociales un lugar “seguro” para expresar su poder y cultivar un sentido de grupo. Muchas personas excusan estas acciones con el argumento de que los “los muchachos son así” o que eso es entre ellos mismos y no hacen daño a nadie. Pero esta es una manera profunda y compleja de cómo, en complicidad con sus pares, se reconstruye y potencia su rol de hombre heterosexual hegemónico, dando así rienda suelta a las posturas más tradicionales y violentas de la masculinidad.  Claramente, cuando proviene de un grupo de hombres adultos con mucho poder es aún más grave. Políticamente hablando, contribuyen a mantener los estereotipos nocivos y aprenden a devaluar atodas las personas que ellos no consideran sus iguales, a aquellas personas que ellos juzgan son inferiores y prescindibles.  Con ese proceder, mantienen excluidas a las personas que amenazan sus espacios de poder. 

Las expresiones del gobernador y su equipo en el Telegram Chat legitiman la violencia y nos advierten en lo que se convierten los hombres cuando de niños y adolescentes no adquieren una perspectiva de género. Hoy más que nunca, vemos la imperiosa necesidad de establecer una educación pública con perspectiva de género que garantice el desarrollo de líderes con capacidad de asumir posiciones de poder para lograr un país inclusivo, en equidad y libre de violencia por razón de género

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