Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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La guanábana, los asteroides y el cáncer

Confieso que estoy preocupado por las profecías de un medio colega mío, un profeta oncólogo del patio. Digo medio colega porque soy oncólogo, pero no profeta. Dios no me habla todos los días en el baño como lo hace con este oncólogo, y no me da información de las catástrofes que ocurrirán en Puerto Rico, ya que, según él, “Dios tiene mucha ira con la corrupción” y otros vicios puertorriqueños.

Este profeta, vinculado al clan de la Vitamina C y a la naturopatía china, auguró que en la noche del pasado 23 de septiembre (y también en los meses sucesivos) caerían en la Isla cuatro asteroides que causarían terremotos, tsunamis y plagas como el zika, el dengue y el chikungunya. No es necesario ser profeta para vaticinar que la más reciente plaga, el virus mayaro, que ya llegó a Haití, pronto estará en Puerto Rico pero al parecer a Dios se le olvidó recordarle eso.

En realidad no entiendo por qué las conversaciones de este oncólogo con Dios solo tratan de bolas de fuego y otros temas apocalípticos, cuando hay asuntos menos sanguinarios y más interesantes como, por ejemplo, las propiedades de la guanábana o la fruta del árbol de graviola “que es un producto milagroso capaz de matar las células cancerosas, 10,000 veces más potente que la quimioterapia”.

Así, con esa línea, comenzaba un correo electrónico que se empezó a diseminar hace ya por lo menos seis años, y que ha capturado la atención de muchos pacientes con cáncer. Continuaba el correo de esta forma: “Así que de ahora en adelante usted puede ayudar a un amigo que lo necesite, haciéndole saber que le conviene beber jugo de guanábana para prevenir la enfermedad… y por supuesto no produce los horribles efectos de la quimioterapia”. 

¿Cuánto de esto es verídico? Pues tengo que admitir que una parte sí lo es. La guanábana definitivamente no tiene los efectos fuertes de la quimioterapia y además es más sabrosa.

¿Qué bases científicas existen? Ahí la cosa es más seria y debemos revisar lo que se conoce de la guanábana y sus propiedades anticancerosas.

¿De dónde provienen estos datos? Pues en 1996 se publicó un artículo procedente de la Universidad de Purdue, en Indiana, donde describían que un extracto de la planta de guanábana era 10,000 más potente que la droga adriamicina contra células de cáncer de colon cultivadas en un tubo de ensayo.

Pero, espere, también hay datos de la Universidad de Nebraska donde usaron pastillas de graviola (guanábana) administradas a ratones a los cuales se les había inyectado con cáncer de páncreas humano.  Este estudio, muy bien conducido, demostró que los tumores disminuían en tamaño y las células malignas morían.

El próximo paso lógico sería hacer un estudio clínico para determinar si la graviola tiene el mismo efecto antitumoral en humanos. Aquí es donde “se tranca el bolo”, porque los estudios clínicos no se han hecho por la razón que sea. Son varias las explicaciones que se han invocado, pero éstas son las principales:

1. Que a las farmacéuticas no se les permite patentizar la planta por ser natural.

2. Que las farmacéuticas quieren producir una versión sintética del compuesto activo de la graviola, y por ende están intentando enterrar los datos de su actividad antitumoral hasta tener el producto sintético en el mercado.

En mi opinión, ninguna de las dos es correcta.

Hoy día, las farmacéuticas no tienen interés en desarrollar drogas de la forma habitual, que consistía del método de ensayo y error, en ingles “trial and error”. Esto significa que se investigaban miles de productos químicos en tubos de ensayo y cualquiera de ellos que demostrara actividad antitumoral, se llevaba entonces a estudios clínicos en humanos. Era un método muy caro y engorroso, porque la gran mayoría de los productos que luego se investigaban en ensayos clínicos no daban resultados favorables. Predecir la capacidad antitumoral de un producto en humanos, basándonos en experimentos en animales de laboratorio no es un método muy útil.

En la actualidad, el desarrollo de drogas nuevas se hace de una forma mucho más racional y metódica, además de más barata. Se determina primero cual es el defecto molecular del tumor y a partir de eso, se diseñan drogas que abordan directamente el defecto. Es lo que conocemos como terapia dirigida. Las drogas que emanan de estos estudios son usualmente menos tóxicas que la quimioterapia tradicional. Son muy pocas las farmacéuticas que aún investigan con el método antiguo.

En fin, ¿qué actitud deben asumir los pacientes con cáncer en cuanto al consumo de la planta de guanábana y su fruta? Primeramente, ningún paciente debe abandonar su tratamiento para sustituirlo por la guanábana. ¿Es recomendable entonces usarla conjuntamente con la quimioterapia?

Debo señalar que la graviola tiene sustancias antioxidantes. En mi columna anterior discutí los problemas asociados con estos antioxidantes, en particular su interferencia con la acción de la radioterapia y algunas quimioterapias. Por tanto, no recomiendo que se use la guanábana en combinación con radio ni con quimioterapia.

¿Y cuándo, si alguna vez, se debe utilizar? Idealmente bajo las condiciones de un estudio o ensayo clínico, pero no conozco de ninguna entidad interesada en financiar un ensayo clínico con guanábana.

Es razonable y justificado que el paciente cuyo oncólogo le haya asegurado que no tiene opciones, porque todos los tratamientos han fallado, intente el tratamiento con la guanábana. Si bien es cierto que no hay forma de evaluar la eficacia de esta fruta sin un estudio formal, con probar no se pierde nada. Al contrario, la guanábana es un gran alimento y una riquísima fruta tropical.

Y antes de apuntar su telescopio al cielo en busca de esos nefastos asteroides, mejor disfrute una buena batida o champola de guanábana.

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