Roberto Alejandro

Desde la diáspora

Por Roberto Alejandro
💬 0

La Guerra Civil no ha terminado

El nueve de abril se recordó el aniversario de la rendición sureña ante la victoria unionista en la Guerra Civil norteamericana. El encuentro formal de Robert E. Lee y Ulysses S. Grant en Appomattox fue para que el segundo especificara las condiciones que pondrían fin a las hostilidades militares y el segundo las aceptara. Como era de esperar y fiel a las expectativas sastreriles de una orgullosa clase esclavista, Lee vistió sus mejores galas, incluyendo una espada. Grant llegó con su simplicidad de soldado republicano.

Appomattox selló la derrota del esclavismo institucionalizado. Pero la herencia espiritual de ese crimen nunca cesó. Luego de una década de ocupación militar del sur por las tropas federales, más de tres mil ciudadanos afroamericanos perecerían a manos del terrorismo blanco. Luego vendría el Ku Klux Klan, los linchamientos, la segregación, y la victimización de la población negra en los estados que una vez osaron formar la Confederación. En otras palabras, la Guerra Civil, esta vez en la oscuridad de la noche o en días luminosos, continuó contra una ciudadanía rodeada y emboscada por el odio empozado en corazones blancos.

Los pasados tres años han sido escenario de los ecos distorsionados de Appomattox. Trayvon Martin fue asesinado y su asesino absuelto. En Florida. Eric Garner fue estrangulado a plena luz del día, pero un gran jurado federal no halló razón para encausar a los policías responsables. En Nueva York. Michael Brown fue tiroteado también en una vía pública. Otro gran jurado no encontró fundamentos para encausar al policía gatillero. En Missouri. Walter Scott fue detenido por una infracción menor de tránsito. Luego recibiría ocho balazos en su espalda. En Carolina del Sur. Esta vez un vídeo grabó la ejecución y el policía enfrenta una acusación de asesinato. Freddie Gray, sin aparente causa, fue arrestado, montado en un vehículo policial del cual emergió desnucado. En Maryland.

Los vídeos han dado un impulso imprevisto a las denuncias. Pero lo crucial han sido las protestas organizadas de comunidades hastiadas de la criminalidad que opera bajo la impunidad de un uniforme azul. Esa criminalidad, tan indiferente a la vida y tan predecible en sus informes (“me atacó”, “trató de agarrar mi arma”) es sólo el primer velo de otros, más gruesos, que cubren sin encubrir una realidad que demuestran la vaciedad de los pronunciamientos solemnes sobre principios constitucionales.

Los ciudadanos afroamericanos nunca han sido ciudadanos que han logrado la plena legitimidad de una condición prometida por el lenguaje jurídico y luchada genuinamente por millones de norteamericanos. Los vejámenes a los que ha sido sometido el presidente Barack Obama (“es musulmán”, “no es ciudadano”, “no tiene nuestros valores”) son testimonio elocuente al respecto.

La Guerra Civil no ha terminado.

Otras columnas de Roberto Alejandro

martes, 30 de octubre de 2018

La moralidad republicana

El profesor Roberto Alejandro comenta sobre el asesinato de Jamal Khashoggi, la matanza en una sinagoga en la ciudad de Pittsburgh y las preocupaciones en torno a la pulcritud electoral en Georgia

lunes, 15 de octubre de 2018

El triunfo independentista

El profesor Roberto Alejandro señala que el ciclón María jamaqueó en Puerto Rico una mentalidad empantanada en la mano extendida, el llantén teatral, y la espera de que alguien te socorra

martes, 28 de agosto de 2018

John McCain: In Memoriam

El profesor Roberto Alejandro declara que la experiencia de guerrero llevó a McCain a la esfera pública, donde actuó con criterio independiente y sin reírle las gracias a la oscuridad de su partido

💬Ver 0 comentarios