Kenneth Rivera Robles

Tribuna Invitada

Por Kenneth Rivera Robles
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La guerra de los tuits y las tarifas

Una de las promesas de campaña del presidente Donald Trump es que sería más fuerte con lugares como China en aras de mejorar los términos de su relación comercial. Una preocupación de EE.UU. es que China usa técnicas proteccionistas para afectar las importaciones. Además siempre ha estado la queja de las prácticas comerciales de China que en algunos momentos resultan abusivas para inversionistas extranjeros, como por ejemplo la poca protección que se provee para secretos comerciales y la propiedad intelectual. Pues el Presidente resolvió hacer una guerra tarifaria con China.

¿Y cómo uno hace una guerra tarifaria? Pues supongamos que producir una camisa en EE.UU. cuesta $10 y producir una camisa similar en China cuesta $8. Pues uno le impone un arancel de $3 a la camisa manufacturada en China para que su precio de venta sea $11 ($8 del costo más los $3 del arancel), lo que la haría más cara que la camisa hecha en EE.UU., incentivando el consumo del producto local. Debemos señalar que ni a las organizaciones internacionales ni a los economistas les entusiasman mucho las guerras comerciales.

Así las cosas, desde enero de 2018, el presidente Trump anunció que se pondrían unas tarifas en las importaciones de lavadoras de ropa y en los paneles solares. En marzo de 2018 se anunció un arancel de 25% en las importaciones de acero y una de 10% en importaciones de aluminio. En agosto de 2018 se duplicó el arancel aplicable al acero y aluminio en el caso de importaciones desde Turquía. En septiembre de 2018 se impuso una tarifa de 10% en otras importaciones de China que alcanzaban $200 billones. La guerra de tarifas se enfrió a principios de año cuando EE.UU. y China aparentemente alcanzaron un acuerdo donde China se comprometió a aumentar sus compras de productos manufacturados en EE.UU. Sin embargo, parece que la negociación no iba a la velocidad que esperaba Trump y en mayo de 2019 anunció que aumentaría los aranceles de 10% a 25% en productos que alcanzaban un volumen de $200 billones. También anunció la intención de imponer una tarifa de 25% a otros bienes no incluidos en las listas anteriores y que totalizan unos $325 millones. Esto aplicaría a bienes que salgan de China luego del 10 de mayo.

Una parte novel de esta guerra comercial es que Trump en muchos casos ha expresado su descontento, declarando sus amenazas o anunciado sus aumentos mediantes su cuenta de Twitter.

Otro punto a considerar es que en muchos casos –aunque China y Turquía han sido los enemigos comerciales declarados de EE.UU.– lo cierto es que la imposición afectaría importaciones de otros lugares que se reconocen como aliados comerciales, como lo serían México, Canadá, la Comunidad Europea e India. Y prácticamente todos han anunciado que si les imponen tarifas, ellos impondrían sus propias tarifas de vuelta. De hecho el Presidente anunció que se llegó a un acuerdo con México y Canadá, el 18 de mayo, para proveer una dispensa del aumento en tarifas. También debemos recordar que China le vende más a EE.UU. que lo que le compra a éste, así que su ciudadanía se vería menos impactada en sus compras.

Y la gente se pregunta: ¿a mí, realmente, me va a afectar este conflicto comercial? Pues si usted compra productos de acero, aluminio, placas solares, lavadoras de ropa y productos en general, hechos en China (esto incluye ropa, juguetes, zapatos, piezas de automóviles, utensilios y equipo de comunicaciones), pues probablemente la respuesta es que le debe afectar. Si recuerda nuestro ejemplo original de la camisa, quien termina pagando el arancel no es el gobierno sino es el consumidor. La situación se complica, pues muchos de estos productos no se manufacturan en EE.UU. Así que el consumidor –en muchos de estos casos—no tendrá mayor alternativa y terminará pagando dichos aranceles. Piense que realmente no hace mucho sentido establecer una fábrica de camisas, pues existe la posibilidad de que la guerra comercial termine y se vuelvan a restablecer las relaciones con China y estaría latente el riesgo de que si esto ocurre dicha operación probablemente no sería económicamente viable.

¿Y cuánto costará esta guerra comercial? Pues de acuerdo al Tax Policy Center, esta guerra comercial le costará a EE.UU. entre $60 a $100 billones anuales. Por otro lado, el costo anual por familia se estima en $500, según el U.S. Chamber of Commerce, y en $767 por el Cato Institute. En cuanto al número de empleados que se podrían afectar por esta situación, tanto el U.S. Chamber of Commerce como el Tax Foundation lo estima en aproximadamente 500,000 empleados. En Puerto Rico se complica el panorama, pues muchos de los materiales que necesitaremos para la reconstrucción en los próximos años vienen de China y tendría un costo mayor.

Realmente esperamos que esta situación se resuelva prontamente, pues muchos podríamos salir perjudicados si esta batalla tarifaria se extiende por un periodo extenso de tiempo.

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