Wanda del Toro

Punto de Vista

Por Wanda del Toro
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La honestidad de los relacionistas

Ante la inestabilidad política, económica y social vivida en Puerto Rico, cobra singular importancia la figura del relacionista, profesional llamado a ser la conciencia de las organizaciones, incluyendo las gubernamentales. 

Un relacionista, como lo denomina la Ley 204 de 2008, tiene entre sus funciones aconsejar adecuadamente a su cliente. En este proceso, recopila información sobre los acontecimientos referentes a la organización para asesorar ética y responsablemente a los directivos, y propone un plan de acción estratégico que vele tanto por el interés de su cliente como por el interés público.

La construcción de relaciones resulta central a la gestión de este comunicador profesional, que establece vínculos mutuamente beneficiosos entre las organizaciones y sus diversos públicos, entre ellos los medios de comunicación, entidades gubernamentales, empleados, comunidades, consumidores y otros grupos en la sociedad. 

Las relaciones públicas constituyen una profesión en continua evolución y transformación ante la explosión del entorno cibernético, y ha cobrado importancia mundial en las organizaciones. No obstante, la gestión ética pervive por ser central en la creación de relaciones auténticas.

Las profesiones tienen códigos de ética que establecen estándares de conducta para sus practicantes y esta no es una excepción. El relacionista es la conciencia de la empresa y la conducta ética tiene que permear su quehacer siempre. Actuaciones contrarias deshonran al relacionista y como consecuencia a sus clientes. Por tanto, no es solo parecerlo, sino serlo. Las actuaciones nunca deben ser una fachada proyectada para ser percibidas como correctas y construir una imagen distorsionada de la realidad. El profesional de las relaciones públicas tiene el deber de ser ético en todas sus acciones, sin incongruencias, puesto que la discrepancia es la hecatombe de la credibilidad. Por ende, en la ejecución de sus funciones, basadas en un proceso de planificación estratégica, siempre debe prevalecer la verdad, elemento esencial de la credibilidad.

La gestión del relacionista, al igual que la de los políticos y directivos organizacionales, tiene que ser genuina. La honestidad y la ética no son negociables para un relacionista. Estos principios fundamentales tienen que estar en la médula de este profesional en todas sus actuaciones, pues hasta el supuesto contenido privado en plataformas digitales como la mensajería de textos eventualmente trasciende al foro público.

El ejercicio de las relaciones públicas requiere una formación académica sólida que le capacite para servirle bien a sus clientes y al país. Por cerca de tres décadas he participado en la formación de relacionistas conscientes de su compromiso hacia sus clientes, la profesión y la sociedad. Además de una formación académica rigurosa, la práctica de las relaciones públicas en Puerto Rico requiere una licencia para ejercer legítimamente esta profesión. El relacionista precisa un conocimiento especializado de la disciplina, experiencia, buen juicio, pero, ante todo, un compromiso inquebrantable con el código de ética de la profesión. En su consecuencia, ser la conciencia empresarial es una enorme responsabilidad que impacta tanto a las organizaciones que el relacionista representa, como el interés público y el bienestar de la sociedad.

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