Nilsa Pietri Castellón

Punto de vista

Por Nilsa Pietri Castellón
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La hora de la Constitución y de la gente

La lógica, que no siempre es cónsona con la ley, dicta que un gobernador que accede al cargo por vía de la línea de sucesión constitucional tendría que hacerlo en cumplimiento con las reglas establecidas.

En sentido estricto, eso no es lo que ha ocurrido aquí porque Pedro Pierluisi no había sido confirmado por el Senado como secretario de Estado cuando juró como gobernador el pasado viernes, a las 5:01 de la tarde.

En esa misma línea, tendría la ley de su parte el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, al impugnar la legalidad de ese juramento ante el Tribunal de Primera Instancia.

Lo que ocurre es que esta no es una batalla en defensa de la Constitución, sino más bien una garata interna entre dos facciones del Partido Nuevo Progresista.

La Constitución de Puerto Rico, ese despreciado y menoscabado documento fundacional de la fórmula política que nos rige desde 1952, de pronto recupera su valor y se convierte en el argumento de unos y de otros, con la lectura que cada cual haga según su conveniencia.

Lo cierto es que todo se reduce al juego de las sillas. En este caso, de la silla.

Pierluisi fue escogido por Ricardo Rosselló como secretario de Estado nominal, solamente para cumplir con la línea de sucesión que dispone la Constitución para la sustitución del gobernador. Lo hizo dos días antes de que se hiciera efectiva su renuncia al cargo y, obviamente, con la intención de que lo reemplazara por el resto del cuatrienio.

Pierluisi fue juramentado como secretario de Estado debido a que su nombramiento fue de receso, o sea, cuando la Legislatura no estaba sesionando. Pero Rosselló convocó una sesión extraordinaria de las cámaras y envió la nominación a confirmación de ambas, como lee la Constitución en el caso de un secretario de Estado.

El nombramiento tuvo el efecto de un balde de agua fría sobre Rivera Schatz, empeñado como estaba en convertirse en el sustituto de Rosselló. Y la convocatoria fue su tabla de salvación.

La Cámara de Representantes se resistió, pero finalmente aprobó el nombramiento en votación de 26-21 una hora antes de las 5:00 de la tarde del viernes, el fin del mandato de Rosselló.

Rivera Schatz, que desde el minuto uno anunció que colgaría a Pierluisi, pospuso para el miércoles— aunque luego la adelantó para hoy, lunes, y eventualmente la canceló— la consideración del nombramiento.

Pierluisi no esperó el linchamiento y juró como gobernador tan pronto fue efectiva la renuncia de Rosselló, aumentando la ira de Rivera Schatz.

Ahora serán los tribunales, previsiblemente el Tribunal Supremo, los que decidan la suerte de la gobernación de Pierluisi.

Con mayoría clara de jueces nombrados por gobernadores novoprogresistas, tocará al Supremo interpretar la Constitución y darle la razón a uno u otro.

Quienquiera que prevalezca, ganará el PNP porque la gobernación, al menos hasta el 2 de enero de 2021, le corresponde a ese partido.

Será entonces en las urnas, en noviembre de 2020, cuando los políticos de todos los partidos finalmente entiendan el significado de la revolución pacífica del verano del 19. Los miles y miles de ciudadanos que la hicieron posible ya conocen el alcance de la fuerza del pueblo.





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