Rafael Santiago Medina

Tribuna Invitada

Por Rafael Santiago Medina
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La hora de la determinación para Puerto Rico

La hora de la determinación

Rafael Santiago Medina

Ciertamente, hay un mensaje subliminal con el trato a Puerto Rico en la reforma contributiva federal como posesión territorial foránea. Visto Puerto Rico como territorio foráneo, el Congreso estadounidense deja entrever el intríngulis de la relación política colonial de Estados Unidos con la menor de las Antillas Mayores desde 1898.

El sortilegio del hechizo arraigado en las entrañas del pueblo de una enfermiza dependencia a Estados Unidos pende del asistencialismo de programas y fondos federales que no tienen otro efecto que el perpetuar la pobreza en Puerto Rico. No hay en la actualidad un paradigma de desarrollo económico. Únicamente queda de esa relación política con Estados Unidos una dependencia absoluta a programas asistenciales federales por parte de la población más pobre de Puerto Rico.

Siendo enfermiza la relación política de Puerto Rico con Estados Unidos, por ser colonial, entonces no resta otra alternativa que rehacerla y redefinirla. Es responsabilidad de ambas partes y la metrópolis imperial no puede poner como excusa para hacer nada que es necesario esperar que Puerto Rico se ponga de acuerdo y acuda a Washington en un pedido político y económico a una sola voz.

No habiendo sido consultado el pueblo de Puerto Rico si quería ser invadido en 1898 por las tropas estadounidenses y tomado como botín de guerra en la Guerra Hispanoamericana, la iniciativa de una solución política a esa relación colonial debe salir de Washington. Las alternativas de descolonización deben someterse a consulta, entonces, al pueblo de Puerto Rico fríamente, sin que haya tutelaje imperialista en el proceso. Un proceso de transición política y económica es necesario previo a la consulta, si ese paso importante de descolonización quiere legitimarse internacionalmente.

Tal proceso de transición política y económica previo a la consulta final requeriría constituir un gobierno provisional dirigido por un triunvirato de líderes representativos de las opciones tradicionales: autonomía, independencia y estadidad. En este último caso, bajo los términos y condiciones que se aceptaría a Puerto Rico, si ello es posible, como estado federado. Realizada la consulta, entonces se elegiría por el pueblo de Puerto Rico el Gobierno y una Constitución final que regiría al nuevo país o al nuevo estado federado.

Quedando eliminada todas las retóricas falaces en cada una de las fórmulas políticas tradicionales de relación política y económica con Estados Unidos (libre asociación con ciudadanía americana y fondos federales permanentes o estadidad jíbara con asociación federativa distinta), el camino a un futuro para Puerto Rico se despejaría y nuestro porvenir ahora estaría a nuestra suerte y voluntad, sin intervenciones ni designios externos.

Washington no puede seguir aplazando la definición política y económica final de Puerto Rico. Ya los puertorriqueños no debemos seguir a expensas de las veleidades políticas y económicas de Estados Unidos. Puerto Rico se está deshaciendo. Su economía se desmorona. El futuro de Puerto Rico es cada vez más tétrico y ominoso. Llegó la hora de la determinación final. 

Puerto Rico, por su parte, no puede rehuir a ese encuentro con su futuro. El tren que nos llevará a nuestro porvenir se dispone a iniciar su salida. Si no tenemos la voluntad y determinación para abordarlo ahora nos quedaremos varados en la estación de un hoy incierto que mañana será un pasado de desagradable recordación.

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