Carlos Bianchi

Tribuna Invitada

Por Carlos Bianchi
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La humildad honra la toga

Dijo el escritor y periodista estadounidense Ernest Hemingway: “El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad”. Esta célebre frase debería servir de guía e inspiración para aquellos que, aún no siendo funcionarios electos por el pueblo, ocupan por nominación una posición de dirección en las agencias públicas del país. 

Hace unos días, y cumpliendo con mi responsabilidad constitucional, referí a la atención de la Oficina de Ética Gubernamental, del Departamento de Justicia y del Contralor de Puerto Rico al recién confirmado presidente de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), Rafael A. Ramos Sáenz, para que se investigara la posible violación de este a la Ley 60-2014 conocida como “Ley uniforme de vehículos oficiales del Estado Libre Asociado de Puerto Rico”. El presidente no perdió la oportunidad para dilucidar la controversia en los medios de comunicación y, como parte de su defensa, contestó a la pregunta realizada por una reconocida periodista: “Yo no soy un funcionario más, yo soy un juez”. 

La pregunta obligada sobre esta expresión, llena de ego y prepotencia de una persona que se supone diariamente interpreta y tiene el deber de imponer el cumplimiento de las leyes en el sistema de justicia de Puerto Rico, sería ¿pensarán todos los nominados a la Rama Judicial que están por encima de la ley? ¿Creerá el presidente de la CEE que los jueces y juezas son una clase social enajenada de la realidad fiscal que vive el país? Todos venimos obligados a cumplir con la ley, aunque desconozcamos la misma o no nos convenga económicamente, sin excepciones.

El presidir y/o dirigir una agencia como la Comisión Estatal de Elecciones lo hace un jefe de agencia con las mismas obligaciones y responsabilidades del cargo, incluyendo la buena y sana administración del dinero público. Como cuestión de hecho, la entidad que hoy preside cuenta con un déficit de casi 5 millones de dólares.

Ningún funcionario público (salvo pocas excepciones incluidas en la ley) puede llevarse el carro oficial a su casa, ni su chofer puede ir a buscarlo y devolverlo a su casa, ni puede dejar el vehículo oficial en el cuartel de la policía u oficina regional más cercana a su hogar. Sepa vuestro honor que, gracias a usted, nos ha llegado información sobre otros jefes y supervisores de agencias que podrían estar incumpliendo esta ley y que seremos muy rigurosos con su cumplimiento. La humildad honra la toga.

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