Jorge Bauzá

Punto de vista

Por Jorge Bauzá
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La idea de un acuario puertorriqueño


Estamos viviendo tiempos de cambios climáticos que se manifiestan en huracanes más intensos, en la erosión severa de nuestras costas, en la aparición y desaparición de especies.   Estamos en tiempos de retos alimentarios, de crisis energéticas, de búsqueda de medicamentos y materiales noveles para la manufactura y construcción. La respuesta y la solución a estos puede estar en el océano. En las criaturas marinas que nos inspiran ideas y nos proveen los diseños. 

Sin embargo, antes hay que investigar, conocer, descubrir sus secretos y conservar. Y que mejor para comenzar que un acuario puertorriqueño. Pero no un acuario cualquiera, sino un acuario de cuarta generación. Estos son centros que realizan actividades educativas, son centros de investigación científica, corren programas de educación, dirigen proyectos de restauración y conservación de especies marinas. Además, proveen espacio para la participación voluntaria y conectan al visitante intelectual y emocionalmente con el ambiente marino real. Aquí las especies son embajadoras de sus congéneres y los visitantes se convierten en portavoces de la conservación del mar.  Y en un momento dado Puerto Rico exploró esta posibilidad.

Sucede que, para la década de los noventas, una empresa de estudios técnicos-económicos realizó un análisis de diseño, mercadeo y viabilidad de un acuario en San Juan.  Las conclusiones del estudio fueron muy prometedoras, entre estas, que el acuario podría generar ingresos limpios de millones de dólares anuales. Claro está, son números de aquel entonces que habría que atemperarlos a la actualidad. Pero los atributos con los que contamos y cita el estudio, siguen igual, sino mejores hoy día. 

El lugar idóneo sería en algún punto en los márgenes de la Bahía de San Juan. Por ejemplo, en el 2019 hubo un día que se recibieron siete cruceros lo que se tradujo en un movimiento 18,028 pasajeros. Esto representó una inyección de $2.7 millones ese día a la economía Isleña. Si en un solo día, aunque cifra récord. Pues el promedio ronda en unos 47,000 pasajeros al mes.  Estos pasajeros pasan solo algunas horas en Puerto Rico pero el acuario le quedaría cerca y accesible. Bien promocionado, la Bahía de San Juan garantizaría las entradas que se necesitarían para financiar y operar el acuario. No podemos olvidar los 1.1 millones de turista que se hospedan al año, más las constantes visitas del público local.  También serían las ventas de recordatorios, membresías, donaciones, alquiler de espacios para actividades, proyectos de investigación y restaurantes. Me queda claro que el acuario es viable y rentable. 

Este acuario no sería una colección de organismos marinos a manera de estampillas. Ni tendría espectáculos de delfines y ballenas deprimidas. Sería un centro marino de excelencia donde los ecosistemas son creados a imagen y semejanza y las especies interaccionan de forma natural.  Este acuario tendría el potencial perfecto para implementar actividades de aprendizaje formales y no formales- a todos los niveles. Actividades alineadas a los conceptos integrados de ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas (STEAM).  Proveería oportunidades para las experiencias de aprendizaje por practica, aprender creando, donde el estudiante es el protagonista de su propio aprendizaje. Complementaría y apoyaría otras iniciativas educativas y científicas organizadas y lideradas por diversas entidades en Puerto Rico y el extranjero.  Es decir, sería un centro para crear alianzas de colaboración, además de proveer apoyo y oportunidades para el intercambio de conocimiento y tecnología. Por otro lado, nuestro acuario sería una joya arquitectónica con espacios únicos para el esparcimiento, la recreación y el bien estar emocional y espiritual.  Somos isla, el mar nos rodea y así podemos y debemos hacerlo.  

Cuando abrió sus puertas el Acuario de Monterey en California se esperaban unas 350,000 visitas ese primer año. Se equivocaron. Pues recibieron sobre un millón de visitantes, cifra que se superó por mucho los números pronosticados en los estudios de viabilidad. De pronto, nuestro acuario repite la hazaña en Monterey. Es decir, revitaliza el entorno, genera crecimiento económico, internacionaliza esfuerzos locales, educa a miles y crea actitudes positivas a la conservación. Puerto Rico cuenta con las instituciones académicas, con los recursos en ciencia e ingeniera, con un talento joven de primera. A pesar de la crisis, de los retos que enfrentamos y los gobiernos de turno, debemos retomar estas iniciativas buenas, refrescantes, enriquecedoras y rentables. Puerto Rico debe reencontrarse con aquellas iniciativas cual valor y beneficio son hasta más relevante hoy que cuando planteadas.

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