Héctor M. Pérez Acosta

Punto de vista

Por Héctor M. Pérez Acosta
💬 0

La identidad de Alexa

Durante la madrugada del lunes pasado fue hallado el cadáver de una persona con varios impactos de bala en un terreno baldío, a orillas de la carretera, en la jurisdicción de Toa Baja. Inicialmente se informó que se trataba de un deambulante que horas antes había sido denunciado por personas que resentían que usara el baño de mujeres en un restaurante de comida rápida en esa ciudad.

Luego, se fue perfilando la identidad del occiso hasta que se concluyó que se trataba de una persona transgénero. Nos dice la noticia de portada en El Nuevo Día que “[p]ara alguna gente se llamaba Neulisa o Alicia, pero para el país es ya Alexa. Alguna vez habló de sus apellidos como Luciano y Ruiz, pero en otro momento recibió servicios públicos como Torres Otero”.

Desde el lunes hasta el momento en que esto escribo, según se van conociendo los hechos, la indignación pública ha ido incrementándose. Las redes sociales se han llenado de comentarios de toda naturaleza y hasta un vídeo se ha publicado que aparentemente recoge el momento en que Alexa fue ultimada.

Rápidamente, las autoridades iniciaron el proceso investigativo con miras a identificar a los responsables, presentar cargos contra éstos y eventualmente lograr sus condenas. Una vez esto se alcance, según esperamos, vendrán otros nuevos casos de toda naturaleza y el de Alexa, inexorablemente, pasará a los archivos policiales y judiciales, codificado y registrado con alguna combinación de letras y números, únicos para ese evento penal.

Nuestra identidad, por ser única, es uno de los rasgos más preciados que llevamos, conservamos y defendemos con orgullo. Es parte de nuestra humanidad, de quiénes somos y cómo nos distinguimos de nuestros congéneres, de los demás seres humanos, de nuestros parientes y amigos. Nos debe hacer sentir orgullosos de quiénes somos. Es como un tesoro.

Pero la exteriorización de ese único rasgo de identidad le fue negado a Alexa. No solo le fue negado por quienes lo ultimaron; esta sociedad- todos nosotros - le negamos en cada día de su existencia, esa oportunidad, ese derecho. Alexa fue invisible hasta el último día de su vida.

Este país, nuestro país, esta generación, todos, estamos llamados a desterrar o hacer desaparecer los prejuicios que le impidieron alcanzar la felicidad a Alexa. La “igualdad” debe dejar de ser una mera palabra para convertirse en hechos, en realidades.

No hay fórmula sencilla para cambiar este orden de las cosas que hemos heredado o creado o de las que somos partícipes o meros espectadores. Pensemos por un instante que Alexa somos tú, yo, éste y aquel. Y que en cada uno de nuestros descendientes está Alexa.

Con verdadera voluntad de cambio, con educación temprana, con concientización en nuestros hijos, transformemos la indignación en cambio. Eliminemos la invisibilidad. Solo así habremos hecho verdadera justicia para Alexa ... y para todos nosotros.


Otras columnas de Héctor M. Pérez Acosta

domingo, 23 de febrero de 2020

La Policía como parte de la agenda política

Poco ayuda a la despolitización de la Policía que se mantenga a tan importante agencia como punto focal de los políticos en sus campañas electorales, afirma el licenciado Héctor Pérez Acosta

miércoles, 12 de febrero de 2020

Niños y ancianos: las mulas del narcotráfico

El licenciado Héctor Pérez Acosta comenta sobre el caso del niño baleado en Ponce, quien se descubrió que tenía en su ropa 156 decks de heroína

sábado, 25 de enero de 2020

El enigma de los encapuchados

Llegó la hora de que estas personas y quienes los mandan y encargan, sean expuestas a la luz pública con todas las consecuencias penales cayendo sobre ellos, dice Héctor Pérez Acosta

💬Ver 0 comentarios