Efraín Rodríguez Otero

Tribuna Invitada

Por Efraín Rodríguez Otero
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La Iglesia tiene un papel político en el mundo

Cuando en junio de 1966 decidí irme al seminario, entendiendo que esa era la vocación a la que fui llamado, hubo opiniones de todo tipo. Las más común fue: “¡que Caín se metió a cura!”, entre otras por el estilo. Sabía que en nuestra isla había mucho que hacer y me di cuenta que, desde la Iglesia Católica, podía aportar al bien y al crecimiento del pueblo.

El país estaba dominado totalmente por el Partido Popular Democrático y la impresión que daba era de que aquí todo estaba “bien”. No se hablaba de estadísticas de criminalidad, no se hablaba mucho de hambre o necesidades básicas no resueltas. No había, aparentemente, problemas con los planes de salud o vivienda.

Todo esto ha cambiado drásticamente. Ya estoy cumpliendo 44 años en el ministerio sacerdotal, viendo lo vertiginoso de los cambios sociales, morales, religiosos y económicos.

La imagen que se tenía de los políticos y su credibilidad ha sufrido un deterioro inmenso. Pero también ha sufrido ese deterioro la imagen de la Iglesia y del liderato religioso en general. Todo esto ha provocado una erosión básica en el concepto de autoridad y respeto del que gozaba el liderato político y religioso.

Desde que comencé mi formación, en agosto desde el 1966 y luego mi vida como sacerdote, el 24 de agosto de 1974, hasta el presente, he enfrentado retos que jamás había imaginado.

Hoy puedo afirmar que este pueblo necesita revisar profundamente su concepto de fe y la idea que siempre se nos impuso sobre la “identidad” de Dios y su esencia.

Ya ordenado sacerdote, regresé a la Universidad y me formé en el manejo y uso de los medios de comunicación social para propósito de evangelizar y orientar al país.

La acción respondió a un llamado que se hizo a la Iglesia desde el Concilio Vaticano II en el documento “Inter Mirifica”, que resultó ser una gran novedad. Durante los últimos cuarenta años he tenido el privilegio de usar la radio y la televisión para estos propósitos.

He tenido también la oportunidad de usar estos medios en otra gran pasión, como parte de mi vida ministerial que es la defensa del medio ambiente. Exponiendo en mí programa de radio todos los proyectos en pro de la salud ambiental. Esto es un ministerio completo que el actual Papa Francisco I ha propuesto en muchos de sus escritos.

La Iglesia tiene un papel político en el mundo. Aun cuando hay opiniones generalizadas que dicen que los “curas no se metan en política”. Hay que definirle al pueblo la esencia de lo político y separarlo de la militancia activa en el sistema partidista del país.

Desde el púlpito yo no debo defender uno u otro partido, pero mis exigencias pastorales me proponen que sean proactivo en la defensa del bien común de nuestros ciudadanos. Si yo ignoro el acontecer de la vida política de mi país estoy dándole la espalda a las necesidades de este pueblo.

Los cambios han sido drásticos en el devenir de nuestra nación y hay que instruir y conducir nuestra gente al bien, la bondad y la belleza. Esto es una vocación de vida y deber de conciencia. Son 44 años de feliz sacerdocio y entiendo que muchos más.

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