Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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La importancia de la diáspora para el deporte puertorriqueño

Cuando la Selección Nacional de baloncesto femenino llegó a la isla la noche del lunes tras conquistar una histórica clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, solo había tres de las 12 jugadoras que conformaron la plantilla. 

Las otras nueve viajaron desde Francia directamente a sus hogares en Estados Unidos, incluyendo a la estelar Jazmon Gwathmey, quien fue seleccionada al Equipo Ideal del repechaje.  

Esto no es nuevo para el deporte puertorriqueño, que lleva décadas nutriendo sus selecciones con atletas nacidos en Estados Unidos, pero de padres o abuelos boricuas. 

Esta tendencia continuará en aumento, a pesar de las críticas que seguirán apareciendo. A cada rato leo mensajes de padres frustrados porque su hijo entrenó para hacer el corte de una Selección, solo para quedarse fuera ante la integración de un jugador que llegó de “afuera”. Es una escena que se repite en todos los deportes de la isla.

A la hora de construir una Selección Nacional, lo único que se debe tomar en consideración es si el jugador es elegible para representar a la isla —sin importar dónde haya nacido— y si es el mejor talento disponible. 

El pasado mes de septiembre, el Pew Research Center publicó un estudio que aseguraba que la población de origen puertorriqueño ha incrementado en Estados Unidos en un 65%, creciendo de 3.4 millones en el año 2000 a 5.6 millones en el 2017. Ese total, sin dudas, ha crecido desde el 2017 tras las catástrofes causadas por el huracán María y los recientes terremotos. 

¿Son menos puertorriqueños los que nacen y se crían en Estados Unidos en comparación a los que están en la isla? En los ojos de las federaciones internacionales del deporte, no. Son igualmente boricuas con la misma capacidad de lucir el “Puerto Rico” en el pecho.

Tampoco podemos negar que, en Estados Unidos, estos atletas están expuestos a mejor nivel de competencia y una infraestructura deportiva superior. Esto, para nada significa que se descarten a la primera a los atletas desarrollados en la isla. Será responsabilidad de las federaciones locales desarrollar un proceso justo y equitativo de captación de talento. 

A la larga, la carta de presentación serán los resultados conseguidos. El básquet, por ahora, puede pavonearse de un exitoso proceso en su programa femenino, anclado en el buen reclutamiento de esas boricuas fuera del 100 x 35.   

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