Bárbara I. Abadía-Rexach
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La importancia de reconocer nuestra afrodescendencia

En la década del cuarenta, el fenecido poeta y músico carolinense Fortunato Vizcarrondo dio a conocer su insigne poema “¿Y tu agüela a’onde ejtá?”. En cada verso aludía a cómo, en Puerto Rico, se ensalzaba la blancura y se degradaba la negrura.

Al sol de hoy, el título del poema sigue siendo popular. Muchas veces, se entona como una advertencia a quien reniega su negritud.

En Puerto Rico, se aprende que la puertorriqueñidad consiste de la mezcla de tres razas. Así, sin más, de forma esencialista y machista, se construye la idea de la gran familia puertorriqueña.

A pesar del dominio varonil, esa familia mestiza o mulata —para quien no se ofende con la alusión a la mula— atribuye su negritud a la mujer.

Es Puerto Rico la “tierra donde vive el negro junto al blanco en armonía”, según cantan Richie Ray y Bobby Cruz.

De la tríada se pasó al binomio blanco-negro. Así lo constatan los resultados de los censos 2000 y 2010 en la categoría de raza.

A partir de ese par de identidades raciales en la isla se ha normalizado el racismo.

A las personas negras se les visibiliza desde el prejuicio, el discrimen y la representación degradante y estereotipada. Desde la hipersexualización, exotización, cosificación y animalización, se caricaturiza a las personas negras. Se les invisibiliza al negárseles servicios y tratárseles indignamente.

Urge entender la raza como una construcción social que hay que pensar en un contexto político no biológico.

Entre múltiples iniciativas antirracistas promovidas por diversas organizaciones, las Naciones Unidas declaró el Decenio Internacional para los Afrodescendientes de 2015 a 2024.

En Puerto Rico, no todas las personas pueden autoidentificarse como negras, como soñaba Vizcarrondo, pero sí podrían autoproclamarse Afrodescendientes.

Es largo el camino que falta por recorrer para combatir el racismo latente. Es necesario que las puertorriqueñas y los puertorriqueños entiendan las asociaciones que se hacen entre sus identidades raciales, nacionales, sociales y culturales. Solo así comprenderán la importancia de reconocer y celebrar la afrodescendencia puertorriqueña.

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