Mayra Montero

Días bubónicos

Por Mayra Montero
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La incongruencia, gobernadora

El martes 26 de mayo será un día histórico en los anales de la vida social y comercial del país.

Con medidas adecuadas, se podrán visitar centros comerciales, salones de belleza, playas y restaurantes.

Las playas no son para quedarse quietos ni para hacer barbacoas o plantar sombrillas. ¿Entendido? Habrá que caminar de un lado para otro, entrar y salir del agua, hacer piruetas y decir adiós de lejitos. El que se canse, que se vaya a la casa. En la arena no puede haber cónclaves o corillos, como quieran llamarles.

El 26 será como un viernes negro, pero en martes y con mascarillas. Creo que, en efecto, hay que reactivar la economía y no tiene sentido que unos estén vendiendo cualquier cantidad de artículos de todo tipo, con el cuento de que son supermercados, farmacias o ferreterías, y otros estén pasando las de Caín.

Ahora bien, hay un problema, gobernadora, que creo que nadie le advirtió: no se podrán hacer filas desde la noche anterior. Si se mantiene el toque de queda desde las siete hasta las cinco de la mañana, ¿qué va a hacer la gente que, en su aturdimiento, porque esto no es fácil, está preparando sus mochilas, termos con café, y las sillitas de playa para hacer fila desde la noche antes?

Esperar hasta las cinco de la mañana para echar carreras en las vías públicas, a ver quién llega primero a Macy’s, Marshalls, Burlington (digo Burlington, porque una amable lectora me reprendió porque no lo mencioné anteriormente), es lo más temerario del mundo. Cuando la gente puede llegar desde la noche antes, de manera gradual, después de haber comido pavo, y a lo largo de la madrugada, todos están de buen humor y se reparten los turnos. Lo peligroso es que lleguen todos al mismo tiempo. No quiero ni pensarlo. Y peor aún si a uno de esos comercios se le ocurre anunciar una venta especial de freidoras de aire. Será la hecatombe, no le digo más.

Hace poco, buscando el camino más corto para llegar a un supermercado, me interné en el estacionamiento de Plaza Las Américas. En términos de automóviles estacionados o circulando por allí, parecía un día casi normal. Se lo comenté a una amiga que me dijo: “La gente tiene un ‘bajón’ de Plaza y entra aunque sea a mirar por fuera”. En realidad creo que van a recoger comida y a la Torre Médica, aparte de que hay bastantes empleados acondicionando el lugar para las nuevas reglas.

A las cinco de la mañana del martes próximo, habrá tanto tráfico como un mediodía de viernes de antes de la pandemia. Apuesto lo que sea. Mis zapatos, por ejemplo, que siempre los apuesto y nunca los pierdo. 

Yo ese día pienso autoimponerme el toque de queda, la ley marcial y el estado de sitio. Todo al mismo tiempo.

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