Juan Manuel Mercado Nieves

Punto de Vista

Por Juan Manuel Mercado Nieves
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La independencia es la clave

“Resulta anacrónico hoy decir que la independencia va a resultar en el aislamiento porque en nuestro tiempo la independencia es, precisamente, la llave de las relaciones y de la cooperación internacional”.

Gilberto Concepción de Gracia

Siglos han pasado desde que el miedo comenzó a caer sobre los puertorriqueños. Un miedo inculcado, que tenía como intención crear una percepción de peligro o amenaza, de pobreza, de miseria y de indefensión, a consecuencia de nuestra ubicación geográfica y del tamaño de nuestro país. Ese pavor se inculcaba en el imaginario colectivo, aunque no existiera relación con la realidad. El miedo fue una de las armas preferidas por los imperios que intentaron subyugarnos y ahogar nuestro anhelo de libertad. Para ello se valieron de diversos interlocutores, bien descritos por el poeta chileno, Pablo Neruda, como los que “…remacha[n] los grillos de la esclavitud en su patria, y desdeñoso[s] se pasea[n] con la casta de los gerentes mirando con aire supremo nuestras banderas...”.

El miedo se hizo para distorsionar lo real y para hacer que los puertorriqueños nos divorciáramos de nuestra realidad y viviéramos de la utopía de una igualdad que nunca llega a pesar de la hipoteca de todo un país. 

Lo real es que en Puerto Rico se vive en la pobreza bajo bandera americana, que la Promesa estadounidense ha resultado una pesadilla menguante al mejoramiento de nuestra calidad de vida y al desarrollo de nuestra economía. Cada día más la impresión de la mayoría de los puertorriqueños es que ni la estructura federal, ni el anquilosado y corrupto gobierno colonial, trabajan para sus intereses. Eso quedó claro cuando cientos de miles de puertorriqueños expresamos contundentemente que somos más y no tenemos miedo. Las nuevas generaciones nos están ayudando a superar ese miedo. Hemos descubierto que si seguimos en esta dirección vamos a legarle a nuestros hijos un país sin porvenir, pero con nuestra voluntad, saldremos de este atolladero económico y social.  

Las recientes catástrofes naturales nos han servido para ver el desfile de políticos estadounidenses que llegan a aprovechar la oportunidad para retratarse ante la calamidad que hemos sufrido y según llegaron se fueron. Poco ha significado su presencia y así nos estamos dando cuenta de lo evidente: el desdén con que nos tratan y la falta de voluntad de las autoridades norteamericanas para con Puerto Rico.  

Abracemos nuestro futuro y cambiemos de ruta. La independencia es la clave para dar con nuestro desarrollo económico y mejorar nuestra condición actual. La realidad mundial descorre el velo de los elementos que históricamente fueron utilizados como determinantes de nuestra vulnerabilidad para fomentar el miedo. La voluntad de los puertorriqueños, nuestro posicionamiento geográfico y capacidad intelectual, serán componentes fundamentales para la caja de herramientas que habrá de dotarnos de los recursos institucionales para el ordenamiento interno de un mejor país y para insertarlo en el concierto de naciones.  

Así se posiciona nuestro futuro, no en una subordinación política que no atiende nuestros problemas, ni que es de por sí un fin. El colonialismo con o sin unión permanente es una triste mentira en nuestra historia, y la vamos a superar, como hicimos con el miedo.  


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