Silverio Pérez

Tribuna Invitada

Por Silverio Pérez
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La inteligencia emocional en la política

El junte reciente de exgobernadores, líderes religiosos y sindicales, y otros miembros de la sociedad civil convocados por el gobernador Ricardo Rosselló es una buena señal independientemente de sus motivaciones. Por los frutos y acciones posteriores juzgaremos la honestidad de la convocatoria, pero es un buen primer paso.

En muchas ocasiones he planteado que el déficit de inteligencia emocional en nuestro país es peor que el déficit estructural. En 1995 leí el libro Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, acabadito de salir, y su contenido transformó mi vida, y lo que hasta ese momento hacía. El tema ha sido el eje de mis talleres de motivación de ahí en adelante. En el libro se explica por qué el coeficiente de inteligencia emocional es más importante que el cociente intelectual. Estudios posteriores indican que el coeficiente de inteligencia emocional contribuye a un 77% del éxito de una persona.

Nuestra incapacidad para ponernos de acuerdo, la voracidad con la que atacamos al congénere, es resultado de un país subdesarrollado en su inteligencia emocional, afín con la historia colonial que hemos vivido bajo dos imperios. Por lo tanto, cualquier paso en la dirección del consenso, la convocatoria, la alianza y la convergencia es esperanzador.

No soy ingenuo. Si algo ha probado el gobernador Rosselló es que ha demostrado una astucia política que ha sorprendido a los que lo subestimaron. Pero en estos momentos el voto de confianza debe superar la suspicacia. No hay duda de que salir del hoyo social, económico y político en que estamos va a requerir de que todos rememos en una misma dirección. Pero la dirección no puede ser la de aumentar el asistencialismo, la dependencia y el crear nuevos mitos que sustituyan el que ya ha colapsado.

Contrario a este gesto esperanzador de unidad, en los Estados Unidos cada día surgen más y más voces, ya dentro del Partido Republicano, que cuestionan la capacidad del presidente Donald Trump para conducir la nación que ostenta nuestra soberanía. El déficit de inteligencia emocional del presidente es ahora la principal preocupación de muchos. Así lo han expresado congresistas republicanos como el senador Bob Corker, de Tennessee.

Repasemos brevemente los cinco principios de la inteligencia emocional que los expertos, como Daniel Goleman, han establecido en innumerables libros. Capacidad de formar y ser parte de un equipo social: el presidente Trump no solo ha causado un caos en la Casa Blanca, donde hay un sálvese el que pueda entre sus ayudantes, sino que a nivel mundial rompe acuerdos y tratados con sus antiguos socios europeos. Empatía: la única empatía que parece mostrar el presidente es consigo mismo. La madre de Heather Heyer, la joven activista asesinada por el racista que condujo su auto contra la multitud de manifestantes en Virginia, ha dicho que no le interesa hablar con el presidente Trump que no ha tenido la delicadeza de llamarla y expresarle su solidaridad.

Capacidad de motivar: los rostros de sus cercanos colaboradores, los miembros del Partido Republicano y de la población estadounidense en general, hablan por sí solo. Trump ha decidido mantener motivados solo a los que conforman su base política. Autocontrol: Donald Trump parece tener el autocontrol de una manguera suelta con agua a presión. Dispara chorros de disparates a mansalva, y nadie lo puede controlar. Autoconciencia: el presidente no parece tener capacidad de autoanalizar las consecuencias de sus actos y de lo que representa ser el líder de la nación más poderosa del mundo.

Un principio básico de la inteligencia emocional dice que los líderes tienen que estar claros en que sus seguidores suelen duplicar sus cualidades, sean positivas o negativas. De la misma forma en que en los Estados Unidos la exacerbación de los conflictos y las divisiones son una duplicación de lo que proyecta el presidente Donald Trump, espero que en Puerto Rico este llamado al consenso del gobernador Ricardo Rosselló se duplique entre sus seguidores y portavoces para que podamos enfrentarnos como pueblo unido a esta crisis que nos asfixia.

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