Aurelio Mercado

Tribuna Invitada

Por Aurelio Mercado
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La Isla de los Cantos

Hace aproximadamente dos décadas les decía a mis amigos que la “Isla del Encanto” iba camino de convertirse en la “Isla de los Cantos”, en referencia a lo que quedaría de nuestras costas y playas, gracias a la negligencia y desidia de las agencias reguladoras en lo que se refiere a la construcción muy cercana al mar. Negligencia que, indiqué, raya en lo criminal.

Los huracanes María e Irma, y ahora las marejadas de la tormenta extratropical Riley, han apuntalado esto. Un canto de muro de cemento por aquí, un canto de verja por allá, y así por el estilo. Muchos cantos de todo por todos lados, gracias a la Junta de Planificación (JP), el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), y la difunta Administración de Reglamentos y Permisos. Qué ironía que las primeras dos agencias se llamaran de esa manera. Esos nombres les quedan grandísimos.

La Junta de Planificación tuvo la desfachatez de permitir construcciones dentro de la llamada servidumbre de salvamento (que incluye la importante servidumbre de vigilancia de litoral), entre los años 2000 y 2008, y ahora muchas de esas construcciones están sufriendo el embate de las olas según escribo. Algunas amenazadas por colapsar. En Isabela se autorizó la minería de las dunas de arena, y en las que quedaron en pie se permitió la construcción de casas en el tope de las mismas. Muchas de esas casas ahora mismo están siendo amenazadas. Es solo cuestión de tiempo. Ya hemos visto las ruinas y escombros de lo que se conocía como Playa Córcega, en Rincón, donde muchos nos dábamos contra la pared viendo cómo se seguía construyendo en la orilla.

En el Balneario de Isla Verde, una de las playas urbanas más bonitas del planeta, esos seres que habitan algunas oficinas en agencias del gobierno, permitieron la construcción de un “Beach Club” dentro de la misma playa, sentenciándola así a una muerte más acelerada. Pero no contentos con esto, cubrieron la superficie de arena al este del Club con cemento y “bitumul” para estacionamientos.

En Ocean Park, permitieron la construcción de unos apartamentos literalmente dentro de la playa. Reconociendo que era una obstrucción al paso de los bañistas, el entonces Secretario del DRNA dijo a la prensa (ENDI, 2 de febrero 2004) que le había solicitado al desarrollador que construyera un paseo elevado para que los bañistas pudieran caminar de un lado al otro del edificio, a lo largo de la playa. Esto, aunque según el funcionario el edificio no estaba dentro de la zona marítimo-terrestre.

En Rincón se construyó un edificio multipisos (ENDI, 15 de junio 2005), que a los pocos años tuvieron que pedir permiso para tirar piedras para protegerlo. Y así podemos seguir a lo largo de toda la Isla contando historias de horror.

Para reforzar mi mensaje, deseo mencionar un escrito que publicó el pasado presidente de la Junta de Planificación, Luis Garcia Pelatti. Lo tituló “Planificación y huracán María: ¿Por qué en el próximo huracán volverán a morir puertorriqueños?”. El titulo lo dice todo. Leerlo es comprender cómo “se bate el cobre” dentro de estas agencias, las presiones que se reciben, y cómo predomina la corrupción sobre el sentido común.

Honestamente, a mí no me quita el sueño que los más adinerados pierdan su inversión en un edificio cerca del mar. El problema es que, con el visto bueno del gobierno, se están llevando también las playas que tanto usan los que menos tienen. Lo que dejan son escombros y playas inutilizables. Y muchos de los que dieron los permisos ahora son "pilares" de la sociedad, y han acabado con nuestros recursos más bellos.

El autor es profesor e investigador del Recinto Universitario de Mayagüez.

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