Edgardo Rodríguez Juliá

Puertorro Blues

Por Edgardo Rodríguez Juliá
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La isla que se divide

Sigo alerta, estoy aquí mismito; de frente a un mapa de Puerto Rico según el arte satírico de Rafael Ferrer. En la parte izquierda del grabado, bajo el saliente de Aguada y Rincón, que parece el morro de un perro y no el hocico de un cordero, aparece una especie de máscara aterrada y que sugiere el espanto que vivimos ante esta crisis fiscal.

En el centro de este mapa de Puerto Rico aparecen unas tachaduras, o borrones, como si alguien tratara de volvernos invisibles, quizás al dos por ciento, no sé. Son muchas las interrogantes.

A la derecha, en el este, aparece una boca de sonrisa grotesca,   la notoria sonrisa de Glasgow, la del guasón; se trata de gente herida en el rostro, en la autoestima. En la parte de esta sonrisa de Glasgow, Ferrer escribió “Agua”, justo como en el oeste escribió “Juan”. Tampoco sé por qué hizo eso. De todos modos, el mapa de Puerto Rico, visto de esta manera, sería el continente, la geografía de un pueblo irredento, o, mejor, sería el mapa de “la isla que se divide”.

Los profesores de la universidad —sobre todo los más sabios de Sociales— nos aseguraban que “crisis” significa “oportunidad”. Y estoy de acuerdo: Ahora que estamos en lo peor del bifronte Estado Libre Asociado, vamos a resolver esto, ya es tiempo. Debemos entonces proceder, sin demora, a dividir la isla en tres cantones.

La idea no es mía sino de Kal Waggenheim, un periodista americano de la época dorada del San Juan Star y quien posiblemente escribió el mejor libro sobre nuestro santo patrón, Roberto Clemente. Así visualizaba la solución al antiguo dilema: dividir la isla en tres distritos subnacionales, o cantones.

Es una solución viable y práctica. La división fratricida nos obligaría a tirar unas fronteras horizontales imaginarias desde Rincón hasta Lares, desde Gurabo a Ceiba. Las perpendiculares podrían negociarse junto con la reestructuración de la deuda.

Ante la división centenaria, la distopía. El infantilismo político a que nos sometería la Junta de Control Fiscal tendría su metáfora.

Y como las metáforas son el verdadero genio de nuestra literatura puertorriqueña, a cada quien su metáfora: En el oeste, que sería el territorio o cantón del Estado Libre Asociado, el sitio de poder del misterioso Juan, se impondría como metáfora amplificada el verbo “bregar”.

Como metáfora amplificada del bregar esta sería la tierra del chanchucho; Cuchín sería su patroncito y una desplazada Yulín la custodia vestal del santo yagrumo colonial. La dieta del cantón oeste tomaría como medida universal el consumo de dos chuletas diarias, racionadas así según el rigor de la crisis.

En el centro, en el corazón de la Patria, y cuya capital estaría en Lares según la visualizó Pedro, quien le daría el nombre a este cantón, están los invisibles, los que han sido casi emborronados del todo por la Historia. Pedro siempre quiso que la capital de este país estuviera en la montaña, y no en la costa, donde se originaron las malas noticias.

El conteo calórico de este cantón será la chuleta diaria que prometió Rubén; antes de reventarse por los gases intestinales a causa de la chuleta solitaria, Inés custodiaría el tamarindo que sembró Pedro.

Estos puertorriqueños casi invisibles y fantasmales son dados a crear leyendas: es la tierra de lo que nunca ha pasado ni pasará. En el oeste la brega presentista; en los lares de la patria el pasado olvidadizo.

El cantón del este es el más divertido, tierra de salseros, raperos y penepés. En este cantón del este nos encontraríamos con esa sonrisa perturbadora que no sabemos si es, en realidad, una boca insaciable.

Este cantón de la isla se llamaría Gratitud y tendría como metáfora una fiambrera, o el sistema digestivo necesario para digerir el PAN. Aquí abandonaríamos la metáfora de la chuleta en favor de los especiales de Burger King que nos prometió Kenneth.  Aparte de la obesidad, la estadidad tendría como metáfora el puente que uniría a Vieques con la isla municipio de Vieques. Es gente ambiciosa, entregada a fantasías descabelladas. El viejo sabio sería el atrabiliario Carlos y la custodia del estado cincuenta 

Ya estamos listos para la Junta de Control Fiscal.

Seguiremos echándonos la culpa entre los cantones por haber creado la isla que se divide. Que ya cuando nos hartemos de todo esto, cuando estemos a punto del “frankly my dear I don’t give a damn, such is life”, ya listos para el son de vámonos pa’l monte de Orlando a guarachear, entonces acudirá la gran metáfora redentora, ¡la guagua aérea! 

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