María Enchautegui

Tribuna Invitada

Por María Enchautegui
💬 0

La justa reparación de daños

El tema de reparaciones ha sido uno recurrente en la historia, especialmente luego de la Segunda Guerra Mundial. Recientemente, organizaciones ambientalistas han comenzado a abogar por reparaciones a los habitantes de las islas que están siendo diseminadas por el daño ambiental causado por los países ricos.

Es tiempo de hablar de reparaciones para los ciudadanos sin servicio de energía.

El diálogo entorno a reparaciones es uno difícil. Comienza con una reflexión nacional seguido por un reclamo nacional. Sin embargo, lo más difícil es que tiene que haber una admisión pública de culpa, culpa que puede ser directa o sencillamente vicaria. En su mínimo es reconocer que algo causó un gran daño y, aunque tal vez no se reconoció en el momento, en el transcurso hubo suficientes visos de que el daño existía y era grande.

Muchos creímos en el gobernador Ricardo Rosselló Nevares, cuando a mediados de octubre pasado nos dijo que para el 15 de diciembre del 2017 el 95 por ciento de los abonados tendrían luz. Hicimos planes y cálculos: ¿compro la planta, me voy para Estados Unidos un tiempito, mando a mami con mi hermano un mes, comienzo los arreglos de los daños? Hubo fechas intermedias: 50 por ciento para el 15 de noviembre, etc., etc.

Y aunque comienza el tirijala de la métrica, era obvio para mediados de noviembre que las metas no se iban a cumplir. No obstante, no hubo una corrección pública del récord. No hubo un “Pueblo, lo siento, la cosa es peor que lo yo que creía”. Pasó diciembre, pasó enero, pasó febrero y no se sabía cuándo miles de familias y negocios tendrían luz. Los reportajes en los medios de las dificultades, del desespero, de las muertes, abundaban.

Hoy, nueve meses después del golpe del huracán María, barrios completos siguen sin luz, sin contar la multiplicidad de los bolsillos. Entre 1,000 y 1,500 personas han muerto como consecuencia directa o indirecta de la falta de luz. La situación de salud mental de las familias que no tienen luz se complica.

Es tiempo de hablar de reparaciones pa’ los sin luz. Un programa de reparaciones puede tomar distintas formas. Se puede dar una compensación monetaria (que siempre va a ser insuficiente, la vida de mi abuela no tiene precio, pero es algo) a las personas cuyos familiares murieron por la falta de luz. Se pueden dar becas de estudio a los afectados. Se pueden dar créditos de energía eléctrica para que las familias tengan un consumo gratuito por un año. También pueden darse indirectamente a las comunidades afectadas a través de programas de recreación, arte público, dispensarios de salud, o apoyos a personas de alta vulnerabilidad ante desastres naturales. Las reparaciones las tiene que costear el gobierno, ningún otro.

Las reparaciones cuestan, pero son una forma moral y efectiva de cerrar un capítulo desagradable de nuestra historia, de dar “borrón y cuenta nueva”, según miramos hacia el futuro y decimos nunca jamás.

Otras columnas de María Enchautegui

💬Ver 0 comentarios