Johnny F. Rullán

Punto de vista

Por Johnny F. Rullán
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La lección que nos dejó nuestro papá Johnny Rullán

Antonio J. Rullán y Michael F. Rullán son coautores de esta columna. Johnny, Antonio J. y Michael F. Rullán son hijos del Dr. Johnny Rullán.


Nuestro papá, Johnny Rullán, no era un “A student” en sus años de secundaria, y estuvo al borde de fracasar su primer año de pre-médica en Northwestern University. Papá no se había aplicado seriamente, ni era el elogiado “Dr. Rullán” antes de haber hecho elecciones decisivas en su vida. Lo que eligió fue entrenar su mente y cultivar rigor mental.

En el caso de pre-médica, y posteriormente, en sus reválidas, él desarrollaba rigurosos planes de estudio en los que dedicaba cada mes a un solo tema particular. Papá solía pasar 12 horas consecutivas encerrado en las bibliotecas, estudiando. Además, practicaba meditación trascendental diariamente para manejar su estrés. Es decir, eligió convertir su reto en una oportunidad para superarse. No era quien llegó a ser, “porque sí”.

Sinceramente, era asombroso vivir cerca de una mente tan diligentemente cultivada. Hace poco, recordábamos con admiración cómo Papá nunca usaba alarmas para despertarse, porque se programaba la noche antes con afirmación y enfoque. Se acostaba programado para despertarse a las 6:30 a.m., y se despertaba naturalmente a las 6:29 a.m. sin alarma alguna.

Familia de Johnny Rullán. (Suministrada)
Familia de Johnny Rullán. (Suministrada)

Nuestro papá llegó lejos gracias a estos entrenamientos de su mente y siempre nos crió con inagotable esmero de que cultiváramos nuestra mente, aprovechando deportes o cualquier oportunidad cotidiana, como memorizar tablillas de carro o “quizes” sobre quién fue el artista de tal cuadro del museo que acabábamos de visitar. Repetía mantras tales como “When the going get’s tough, the tough get going”, “It ain’t over ‘til it’s over” y “convierte reto en oportunidad”, que hoy resuenan en nuestras mentes cuando sea que surgen dificultades. De igual manera, Papá aprovechaba cualquier oportunidad, cualquier interacción con personas fuera de nuestra familia, para promover que accesaran esa misma capacidad de auto-entrenamiento y auto-superación dentro de ellos. Constantemente se encontraba “coaching” a personas que recién conocía, hasta con las enfermeras que se supone estuvieran cuidándolo cuando estaba encamado y necesitado.

Más que cualquier situación que enfrentó nuestro papá en las arenas gubernamentales y salubristas, su mayor reto, y donde más se encontró con la espalda contra la pared, fue su enfrentamiento con un cáncer terminal durante trece años. Fue en esas camillas, en sus momentos más debilitados, donde nuestro papá nos modeló su prédica hasta con más firmeza de la que ya le celebrábamos previo al cáncer. Se creció, y no paró de enseñarnos mediante sus propias batallas. Quedan intachables en nuestras memorias aquellos momentos en que los doctores le revelaban noticias detrimentales sobre su cuerpo, y él recibía el golpe. Duraba un día, en promedio, un poco decaído, aguantando el impacto. Pero siempre nos decía a nosotros, sus hijos: “voy a trabajar mi mente ahora, y entro de vuelta”. Meditaba, se programaba, y, sin falta, un día después veíamos al Johnny sonriente, optimista y fuerte de siempre. 

Hasta sus últimos momentos en esta tierra, con sus órganos apagándose, nos afirmaba con la poca fuerza que le quedaba que no había entregado los guantes. En esos momentos en los que el cuerpo hacía todo por impedir que se expresara verbalmente, lograba una mirada amorosa, suave y penetrante; se quedaba exhausto tratando de producir palabras de gratitud y de “no quitarse”, o alzaba sus cejas como su único recurso de comunicación. Esos momentos reinan en nuestros corazones como parte de su eterna lección para superarnos. 

Esa lección, que, claro está, no solo nos tocó a nosotros sus hijos, es una lección en reconocer el potencial que todos y todas tenemos para entrenar nuestra mente y cultivar la salud y la paz que eso nos permite. Su vida y obra son un producto de esa decisión que tomó en pre-médica, y ahora nos deja un legado de salud que estima a la salud mental como pilar necesario. 


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