Nilsa Pietri Castellón

Punto de vista

Por Nilsa Pietri Castellón
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La lenta vuelta a la España de siempre

MADRID - Es como el despertar de un gigante que ha estado dormido por demasiado tiempo.

Los lugares públicos en Madrid y en el resto de España comenzaron estos días a retomar, lentamente y a tientas, la normalidad ruidosa, casi festiva, que caracteriza a los españoles en tiempos normales.

Es una sensación extraña la que provoca este reencuentro a medias, luego de casi dos meses de un confinamiento que apenas nos permitía salir a comprar alimentos o medicamentos. De prisa, sin demoras innecesarias para volver al espacio seguro de casa lo antes posible.

La libertad de movimiento, aunque de momento tenga horarios y limitaciones, mola, como dirían aquí.

Pero también asusta un poco. Porque sabemos que el coronavirus sigue presente. Que hay mucha gente en los hospitales enferma de COVID-19 y que miles de trabajadores sanitarios—médicos, enfermeros, técnicos, asistentes y tantos más— también se han contagiado, y muchos han muerto, luchando por salvar vidas.

Por eso les llamamos héroes, aunque a ellos no les gusta porque dicen que solo hacen su trabajo, cumplen su vocación, curan y cuando no pueden, sufren. Los aplausos desde los balcones, cada noche a las 8:00, no han cesado desde el inicio del confinamiento.

Lo vivido en los últimos dos meses ha sido dramático: más de 225,000 contagiados diagnosticados, sobre 25,000 fallecidos y una alentadora cifra de curados que sobrepasa ya los 115,000.

El estado de alarma, el mecanismo constitucional utilizado por el gobierno para tomar, a partir del 14 de marzo, medidas extraordinarias dirigidas a contener el avance del coronavirus, sigue vigente y lo estará al menos otras dos semanas tras la aprobación congresional este miércoles de una nueva prórroga.

Las autoridades de sanidad aflojan el cerco según parece ir estabilizándose la situación, pero no se confían. Se siguen haciendo pruebas diagnósticas, rastreando casos, midiendo contagios. El final está lejos.

Hemos entrado en un proceso de desescalada que, si no ocurre un rebrote de la pandemia, debe conducirnos eventualmente a la libertad completa de movimiento y de actividades.

Este lunes reabrieron las peluquerías y las tiendas pequeñas, con estrictas medidas de higiene, y se reanudaron de la misma forma las actividades de producción y de construcción que habían recesado forzosamente a causa del estado de alarma. Las ciudades empiezan a despertar.

Tras siete semanas de estaciones de trenes casi desiertas, a las que nos asomábamos solo a través de las imágenes que captaban la televisión y los diarios, en Madrid la céntrica estación de Atocha, con sus múltiples rutas de trenes de cercanías y de metro, recobra su ajetreo característico.

Los autobuses transitan con más pasajeros que en las semanas recientes, pero con medidas de distanciamiento que obligan a hacer los recorridos con asientos vacíos.

En trenes y en autobuses, igual que en la calle, pasajeros, peatones, empleados y policías por igual llevan mascarillas obligatorias y mucha gente también usa guantes protectores.

Los bares y cafeterías todavía no abren al público más allá del servicio domiciliario y de recogida de comida. Pero ya se preparan, la mayoría con ganas pero sin medios económicos, para ajustarse a las nuevas normas de distanciamiento que deberán observarse cuando reabran y que serán más fáciles de cumplir en las terrazas que en el interior de los locales.

Falta mucho para volver a la normalidad, a esa “nueva normalidad” que vamos adivinando día a día. Con mascarillas, gel higienizante, guantes, lavado frecuente de manos, distanciamiento.

Pero salir hoy a la calle, aún con restricciones, es gratificante. Se respira la desescalada. 

Con la tristeza a cuestas por todos sus muertos, España siente que lo peor ha pasado. Se nota en la sonrisa que se adivina debajo de las mascarillas. En la mía.

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martes, 17 de marzo de 2020

España: fiesta de aplausos contra el coronavirus

Un país que gusta tanto de vivir afuera, al aire libre, ha tenido que confinarse para protegerse de la enfermedad y para proteger a los suyos y hasta a los extraños, escribe Nilsa Pietri Castellón

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